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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 150

También la odiaba con todas sus fuerzas. —Tarde o temprano le voy a cobrar todas esas cuentas —gruñó, y al terminar la frase, apretó la botella vacía de agua hasta aplastarla por completo, como si con eso pudiera soltar la rabia que traía encima.

Vanesa lo observó y, sin decir nada, sonrió de forma discreta.

Ya cuando Luis logró calmarse, se acordó de que tenía algo importante que contarle a Vanesa.

—Oye, diosa, ¡ya me enteré del chisme de ese tal Alma Analítica!

Vanesa, al escuchar el nombre de Alma Analítica, se mostró bastante interesada y preguntó de inmediato:

—¿Y qué fue lo que supiste?

—La empresa que desarrolló ese software inteligente es de San Martín, y ni siquiera es una compañía grande. El capital registrado apenas llega a cinco millones de pesos. Me late que todavía no consiguen inversión, por eso en San Martín casi nadie los pela.

—Si es de San Martín, eso nos conviene más —comentó Vanesa, con una satisfacción que no intentó ocultar.

Luis estaba de acuerdo.

—En un rato será la reunión de intercambio de productos, ¿no? Tenemos que buscar la manera de quedárnoslo de una vez.

—Va, estoy segura de que lo lograremos —dijo Vanesa, sin dudar.

Al final de cuentas, tenía el respaldo tanto de Inversiones Prestige como de Grupo Aguilar, y además contaba con el apoyo total de Oliver.

Esa oportunidad, cualquiera la quisiera.

¡No había forma de fallar!

—Nada más te advierto, quiero estar metido en esto. Si no logro sacar algún resultado pronto, mi papá de verdad me va a correr de la casa —bromeó Luis, aunque en el fondo no era broma.

Vanesa no pudo evitar reírse.

—Te lo prometo.

Al escuchar la respuesta, Luis sintió que por fin podía respirar tranquilo.

Incluso se imaginaba a sí mismo recuperando el prestigio perdido.

Después de todo, era Vanesa quien lo estaba jalando para invertir. ¡Eso era garantía de éxito!

...

Por su parte, Daisy no se dejó influenciar por Luis.

Desde que había cortado de tajo con Oliver, se dio cuenta de que ni la gente ni los asuntos que rodeaban a Oliver tenían ya poder sobre ella.

Incluso, ni el propio Oliver parecía tener la capacidad de alterarla.

Justo cuando Daisy terminaba de conversar con Andrés López, apareció Iker Cárdenas.

Andrés López, intrigado, le preguntó:

—¿Y cómo estás tan segura de que sí quedamos seleccionados?

—Por la actitud de tu maestro me di cuenta —replicó Daisy.

Andrés López se quedó con el ojo cuadrado.

—¿De verdad? Porque yo no noté nada.

—Es porque tú tienes otras cualidades, te enfocas más en lo tuyo y no tienes por qué entender estas cosas de relaciones —dijo Daisy, elogiándolo con naturalidad.

Andrés López se sonrojó y se rascó la cabeza, medio apenado.

Entonces recordó el otro asunto importante por el que había venido, además del trabajo. Dudó un momento y luego, por fin, la llamó:

—Oye, Daisy...

Ella contestó con un “ajá”, mientras seguía revisando el cronograma de la cumbre en su celular, sin captar que el tono y la expresión de Andrés López eran distintos esta vez.

Aun así, él se sentía nervioso y hasta le temblaba la voz.

—Bueno... cuando esto se acabe, ¿quieres ir a comer conmigo? Reservé en un restaurante.

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