Daisy estuvo esperando en la entrada unos cinco minutos cuando por fin llegó Mario.
Ella misma ayudó a Mario a bajar del carro.
Mario le preguntó si llevaba mucho esperando, pero Daisy enseguida negó con una sonrisa.
Aunque ella lo negó, Mario notó la verdad y quedó bastante satisfecho con la actitud de Daisy.
—Tener conciencia del tiempo es algo bueno. Si quieres lograr grandes cosas, tienes que ver el tiempo como el recurso más valioso y organizar cada tarea sin perder el orden— comentó Mario, con esa voz que no admitía replicas.
Daisy escuchó con atención y humildad cada palabra que Mario decía.
...
Cuando ambos entraron al salón privado, todos los invitados ya estaban en sus lugares.
Apenas Mario cruzó la puerta, todos se pusieron de pie para recibirlo.
Algunos lo saludaron diciéndole “hermano”.
Otros lo llamaron director Aguilar.
Sin excepción, todos mostraron respeto en su actitud.
Aunque Daisy ya venía mentalizada, sabía que ese almuerzo estaba lleno de gente influyente, pero otra cosa era vivirlo en carne propia.
Ahí, cualquiera de los presentes podía poner a temblar al gremio empresarial de San Martín.
Daisy reconocía a varios de ellos.
Algunos otros sólo los había visto en la televisión.
Pero todos, absolutamente todos, trataban a Mario con un respeto especial.
Fue en ese momento cuando Daisy recordó la otra faceta de Mario.
Presidente de la Asociación de Empresarios de San Martín.
Una asociación civil, sin fines de lucro, formada voluntariamente por empresarios de San Martín.
Dedicada a servir, guiar y unir a los empresarios del estado.
Sus miembros abarcaban desde la manufactura, finanzas, comercio, salud, educación, sector inmobiliario, tecnología y hasta internet.
Una red de contactos para promover la cooperación y el intercambio económico.
Dentro de la asociación estaban los recursos comerciales más importantes de todo San Martín.
Mario entonces se encargó de aclarar la duda.
Explicó que Cosmovisión Financiera Guaraní era una compañía de inversiones recién creada, pequeña y con pocos activos.
Pero aun así, Mario la estaba apoyando personalmente.
Todos en ese salón eran hábiles para leer entre líneas, y de inmediato entendieron el mensaje.
A partir de ese momento, la actitud hacia Daisy cambió; la trataron con cortesía y atención.
Gracias a eso, Daisy pudo presentar los proyectos en los que estaba trabajando.
Cuando se enteraron de que ella era la inversionista detrás de Alma Analítica, Gregorio Vargas, el jefe de Motores del Chaco, no pudo disimular su interés y se acercó a platicar con Daisy.
La noticia corrió rápido.
Los demás también habían escuchado algo sobre Alma Analítica, y cada tanto alguno se acercaba a intercambiar comentarios con ella.
Sin embargo, quien más se mostró entusiasta fue Gregorio.
—Mi hijo me contó que gracias a los algoritmos de IA se puede optimizar el funcionamiento de los carros, permitiendo que, incluso con una capacidad de procesamiento limitada, se logre una conducción inteligente avanzada y a un costo más bajo. Además, la IA puede fusionar múltiples fuentes de datos, analizar en tiempo real la información de los sensores, y mejorar la toma de decisiones del sistema de conducción autónoma, como identificar obstáculos y planear rutas seguras. Así, el carro se vuelve más inteligente para conducir en situaciones complicadas— le comentó Gregorio, animado.
—La IA sí puede hacer todo eso— respondió Daisy sonriendo—. Y no solo eso, también impulsa la innovación en la industria automotriz, acelera el desarrollo y mejora las funciones, y ayuda a que todo el sector evolucione más rápido.

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