Después de que Oliver se fue, Miguel no pudo evitar platicar con Daisy en tono de chisme.
—Es la primera vez que veo al presidente Aguilar tragarse el orgullo, ¡qué satisfacción tan grande! —exclamó, casi relamiéndose de gusto.
No era ningún secreto que, en su momento, Miguel había sido víctima de los regaños y exigencias de Oliver. Así que ver a Daisy ponerlo en su lugar le supo a gloria pura.
Después de disfrutar el momento, la curiosidad le ganó.
—¿Y tú crees que el presidente Aguilar va a hacerte caso y regresar justo en una semana?
—No lo creo —respondió Daisy, sin apartar la vista de los documentos que revisaba con atención.
—¿Y eso cómo lo sabes?
—Lo conozco desde hace siete años, sé perfectamente cómo es.
Miguel asintió, convencido.
—Tienes razón.
Tal como Daisy había predicho, esa misma tarde Oliver apareció de nuevo.
Justo después de terminar una reunión, Daisy tenía una cita con Julián Padilla, representante de Progreso Digital Pampas, quien la había invitado a una charla vespertina. Pero, de último minuto, Julián cambió el lugar de la reunión. Daisy supo de inmediato que algo raro se traía entre manos.
Al llegar al salón privado del club que Julián había indicado, no se sorprendió al encontrar a Oliver esperándola ahí.
Julián, con esa sonrisa suya de siempre, explicó:
—Mira, también tenía algunos asuntos que platicar con el presidente Aguilar. Como ustedes ya se conocen, pensé que era buena idea juntarlos. Presidenta Ayala, ¿no tienes inconveniente?
En una situación así, aunque lo tuviera, Daisy sólo podía responder que no.
Oliver había elegido bien a su mediador. Julián tenía una labia tremenda; bastaron unas cuantas palabras para ponerle sobre la mesa a Daisy los pros y los contras de la situación.
En realidad, Daisy no pretendía enemistarse de verdad con Grupo Prestige. Después de todo, el Consorcio El Faro tenía un peso considerable. Si no lograba un acuerdo con ellos, tendría que buscar otra empresa de tecnología para que le brindara el soporte necesario, y eso sólo significaría perder tiempo valioso.
En el mundo de los negocios, a veces hay que saber avanzar con cautela, sin hacer demasiado ruido. Era una de las lecciones más importantes que Oliver le había dado, y Daisy no lo olvidaba.
Por eso, aceptó sentarse a negociar, pero puso sus condiciones:
Que los responsables de Colibrí ofrecieran una disculpa pública.
Que indemnizaran a Alma Analítica por las pérdidas en investigación y desarrollo.
Y que Colibrí se retirara del mercado.



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