Cuando Vanesa regresó al salón con el maquillaje impecable, volvió a lucir esa sonrisa perfecta y serena que tanto la caracterizaba.
Apenas se sentó, le llegó un mensaje de Benjamín: le avisaba que había encargado una botella de champán para celebrar con ella.
Vanesa le respondió: [¿Y para qué te gastas en eso?]
Benjamín contestó: [Ya no soy aquel estudiante sin un peso, no te preocupes por mi dinero.]
Esa respuesta hizo que Vanesa soltara una risita discreta. [¿Y quién te mandó a ocultármelo en un principio?]
Benjamín devolvió: [Si no lo hacía, ¿cómo iba a descubrir que la señorita Vanesa era tan buena persona?]
Vanesa sonrió con complicidad, guardó el celular y prefirió no contestar más, enfocándose en la espera del anuncio.
Andrés, mientras tanto, le preguntó en voz baja a Daisy si estaba nerviosa.
—Un poco, pero confío en que vas a hacerlo bien.
Daisy confiaba plenamente en su propuesta.
Andrés solo tenía que encargarse de la parte de innovación y desarrollo tecnológico.
Daisy, por su parte, se encargaba de conseguir los fondos, reunir los recursos, impulsar la comercialización y diseñar la estrategia de mercado más efectiva, asegurando siempre el mejor respaldo para el proyecto.
Colaboraban juntos, cada uno en lo que mejor sabía hacer. Esa combinación no solo aumentaba la eficiencia, sino que aceleraba el avance de todo.
Las demás empresas presentes, en el fondo, sabían que no tenían muchas esperanzas. La mayoría solo asistía por participar.
Después de todo, ¿quién podía competir con el Grupo Prestige en San Martín?
Algunos ya habían comenzado a buscar la forma de ganarse la simpatía de Oliver y Vanesa. Todos querían formar parte del proyecto, aunque fuera solo para recibir las migajas.
En cuanto al equipo de Daisy… nadie se les acercaba.
Vanesa no pudo evitar una sonrisa triunfal.
Recordó la vez anterior, cuando en el duelo entre Colibrí y Alma Analítica, por un simple descuido suyo terminó perdiendo ante Daisy. Eso la había deprimido un buen tiempo.
Pero Oliver no la dejó caer. Le confió un proyecto aún más grande y le dio la oportunidad de demostrar su valía de nuevo.
¿Y qué si Daisy ganó una vez? Fue puro golpe de suerte.
La suerte no siempre está de tu lado.
Vanesa, con un aire altivo, apartó la mirada y en voz baja le preguntó a Azucena, que estaba a su lado:
—¿Sabes a qué hora llegará papá?
Jazmín, apurada, le mandó un mensaje a Vanesa.
[¡Prima! Acabo de ver a Yeray entrando a la sala de la licitación con un ramo enorme de girasoles.]
Vanesa estaba tan concentrada en la espera del resultado que ni siquiera vio el mensaje.
Justo en ese momento, el personal del evento comenzó a anunciar el veredicto.
El gesto de Vanesa ya era el de una ganadora segura.
Pero esa sonrisa confiada se desvaneció en el instante en que escuchó al presentador decir: “Cosmovisión Financiera Guaraní”.
El murmullo de la gente llenó el salón.
Valerio, que había estado siguiendo todo de cerca, fue el primero en acercarse a felicitar a Daisy.
Los demás también reaccionaron y, buscando quedar bien, se sumaron a las felicitaciones para Daisy: la ocasión era perfecta para intercambiar contactos y tantear la posibilidad de futuras alianzas.
Daisy aceptó a todos con una sonrisa tranquila.
Mientras el grupo de Daisy se llenaba de felicitaciones y movimiento, el semblante de Azucena se ensombreció.
Y justo en ese momento, Gabriel Espinosa llamó por teléfono para preguntar cómo había salido la licitación.

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