Entrar Via

Siete Años para Olvidar romance Capítulo 287

Daisy durmió hasta el mediodía del día siguiente.

Todavía tenía la cabeza aturdida cuando escuchó ruidos afuera de la habitación.

Parecía que alguien estaba haciendo algo en la cocina.

Daisy se levantó de la cama, con la intención de ir a ver qué pasaba, pero apenas puso los pies en el suelo y trató de ponerse de pie, sintió un dolor tan intenso en las piernas que terminó cayendo de nuevo sobre la cama.

La cintura le dolía a tal grado que sentía las piernas flojas…

Era como si un carro la hubiera pasado por encima, cada parte de su cuerpo le dolía.

La cabeza le pesaba, y el cansancio no la dejaba ni pensar.

Tardó un buen rato en adaptarse antes de que su mente despertara por completo. Apoyándose con las manos en la cintura, logró salir de la habitación.

En la cocina, Miguel parecía estar hablando por teléfono.

—¿Cuánta cáscara de naranja? ¿Cinco gramos? Ok.

—Ya los frijoles verdes están blanditos.

—¿Le bajo al fuego? Vale, entendido.

Al escuchar movimiento detrás de él, Miguel se volteó y vio que Daisy ya estaba despierta.

—Mi jefa ya se levantó, ahí la dejamos, luego te llamo —dijo, y colgó la llamada.

Luego se giró hacia Daisy para explicarle:

—Le estaba llamando a mi mamá para que me dijera cómo preparar la sopa para la cruda. Ya casi está lista, solo espera un momento.

Daisy, sintiéndose sin fuerzas, fue a sentarse a la mesa del comedor.

Miguel sirvió una taza de la sopa y se la llevó.

—Ten cuidado, está caliente, espera a que se enfríe un poco antes de tomarla. ¿Cuánto tomaste anoche? ¡Terminar así de mal!

No podía culpar a Miguel por su sorpresa.

Desde que la conocía, nunca la había visto borracha.

Ni siquiera la vez que terminó con el estómago lastimado por tanto alcohol, se había emborrachado.

Daisy se frotó las sienes, agotada.

—No sé, la verdad. Anoche ni tomé tanto, y lo peor es que ni me acuerdo de nada.

Eso sí que era raro.

Al principio, cuando salía a tomar por trabajo, sí llegó a ponerse mal, pero nunca a tal grado de no recordar nada.

Solo recordaba vagamente que salió del privado para llamarle a Miguel, pedirle que fuera por ella…

Después de eso, su memoria era un hueco.

—¿No se supone que todas estas sopas saben igual? —preguntó Miguel.

Daisy suspiró con cierta nostalgia.

—Sí, supongo que todas deberían saber igual.

En efecto, la sopa ayudó a aliviar el dolor de cabeza y Daisy se sentía mucho más lúcida, así que decidió ir al baño a lavarse.

El agua fría en la cara terminó de despejarle la mente y le quitó los últimos rastros de la borrachera.

De pronto, unas imágenes cruzaron fugazmente por su mente.

[—Tienes que ir más despacio.]

[—¿Para qué buscas el celular?]

[—Para transferir dinero.]

Daisy levantó la cabeza de golpe y se quedó mirando fijamente su reflejo en el espejo, tratando de atrapar algún recuerdo más claro.

Pero, aparte de esos pedazos sueltos, no podía recordar nada más.

Lo único de lo que estaba segura era que la noche anterior había estado con alguien.

¿Sería uno de los modelos del club?

No estaba segura, solo recordaba que esa persona tenía un cuerpo bastante bien formado…

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar