Luis miraba a Oliver con una ceja levantada, sin ocultar su desconcierto.
—Oli, ¿desde cuándo te agarró tan fuerte el vicio del cigarro?
Recordaba bien que antes Oliver ni siquiera se le acercaba a los cigarros. Ahora, de repente, en los últimos seis meses, se la pasaba fumando y tomando. Era algo que le resultaba bastante extraño.
Se supone que reencontrarse con el amor de tu vida después de tantos años debería ser una alegría, ¿no? ¿Por qué entonces Oliver andaba tan inquieto?
Oliver no quiso dar explicaciones. Solo siguió fumando, la mirada perdida, como si con cada bocanada intentara deshacerse de un nudo en el pecho. Había demasiadas cosas que no podía decir, y el cigarro era su única válvula de escape.
...
Por otro lado, Benjamín regresó junto a Vanesa. Ella, con su habitual curiosidad y un dejo de picardía en la voz, le preguntó:
—¿Tú conoces a Daisy?
—¿Quién? —Benjamín arqueó una ceja, sin darle mucha importancia.
—A la que está al lado de Yeray —aclaró Vanesa, señalando discretamente con la mirada.
Benjamín echó un vistazo, pero apartó la vista enseguida.
—No, no la conozco —respondió con indiferencia.
—Escuché que quiere buscar una alianza con Grupo Imperial —comentó Vanesa, lanzando el anzuelo a ver si picaba.
Benjamín se quedó pensativo unos segundos.
—¿Hablas de Alma Analítica? Sí, algo escuché.
Por la reacción de Benjamín, Vanesa se dio cuenta de que él no tenía idea de que Daisy era la dueña de Alma Analítica.
—Alma Analítica era un proyecto mío, y ella me lo quitó —soltó Vanesa, con una mezcla de resignación y coraje.
Al oírla, Benjamín frunció el ceño, la molestia reflejada en su expresión.
—Alma Analítica es un gran proyecto, tiene potencial para crecer muchísimo —admitió.
Vanesa suspiró, dejando escapar su frustración.
—Por eso me da tanto coraje.
La antipatía de Benjamín hacia Daisy solo creció al escuchar eso.
—Menos mal que no hicimos ningún trato con ellos. Personas así no merecen asociarse con Grupo Imperial.
Vanesa, sin embargo, no quería que Benjamín se pusiera en su contra solo por su culpa.
—Tampoco tienes que rechazar negocios solo por mí. Tú mismo lo dijiste, Alma Analítica es un proyecto con futuro y trabajar con ellos podría afianzar tu posición en Grupo Imperial.
Julián, sonriendo con picardía, le respondió:
—A ver, presidente Ferrer, ¿por qué no adivina usted? Le doy una pista: la dueña es una inversionista.
Solo había dos mujeres en la mesa: Daisy y Vanesa.
No es que ellas hubieran elegido sentarse juntas; así las acomodó el personal del evento. Daisy estaba del lado izquierdo, Vanesa a la derecha, separadas por toda la extensión de la mesa, como si el universo se hubiera esforzado en mantenerlas alejadas.
Camilo observó a ambas y, tras un breve instante, se acercó a Daisy y le extendió la mano.
—Mucho gusto.
—¡Presidente Ferrer, tiene usted un ojo increíble! ¿Cómo supo tan rápido quién era? —intervino Julián, genuinamente intrigado.
Camilo, con una sonrisa tranquila, explicó:
—Por la actitud. No cualquiera tiene ese aire de líder.
Luego, giró hacia Vanesa y, con cortesía, añadió:
—Claro, esta señorita también se ve muy guapa, seguro es la acompañante de algún inversionista.
Vanesa sintió que la sonrisa se le congelaba. Jamás imaginó que, después de tanto esmero en su arreglo, para Camilo solo fuera una figura decorativa más, una simple acompañante.

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