Yeray levantó su vaso en dirección a ella.
Daisy correspondió al gesto, alzando su vaso de jugo de manzana y agitándolo ligeramente a modo de agradecimiento.
—Yeray, ¿con quién brindas? —preguntó Luis, asomándose curioso.
Esta vez sí alcanzó a distinguir a Daisy, y su expresión cambió al instante.
—¿Qué hace Daisy aquí?
Fernando despejó su duda sin rodeos.
—Alma Analítica es socia de Progreso Digital Pampas. Es normal que ella esté aquí.
En cuanto escuchó “Alma Analítica”, Luis guardó silencio.
Después de todo, esa empresa le había causado más de un tropiezo.
Además, la hospitalización de su padre tenía algo que ver con ese asunto.
—Voy a saludar —dijo Yeray, despidiéndose de ellos y dirigiéndose directamente hacia Daisy.
—Yo también voy a saludar —añadió Fernando, siguiéndolo de cerca.
Luis, con gesto incómodo, miró a Oliver.
—¿Vas, Oli?
—¿Para qué iría?
Luis no tardó en proponer otra cosa.
—Mejor vamos a buscar a Vane, todavía no la saludo.
—Sí —respondió Oliver, bajando la mirada.
...
Yeray se acercó a Daisy y lo primero que le dijo fue:
—Cuánto tiempo sin verte.
Era cierto, hacía mucho que no se encontraban.
Las negociaciones de Banco Unión Central con los inversionistas extranjeros habían llegado a un punto crítico, así que probablemente Yeray no lo estaba pasando bien últimamente.
Sin embargo, ese era un asunto interno de su empresa, así que Daisy no quiso indagar demasiado; solo preguntó:
—¿Todo va bien?
—No tan bien —admitió Yeray sin rodeos—, pero aún puedo manejarlo.
—Eso me alegra.
En realidad, Yeray podría haberse ahorrado la molestia de ir a esa celebración de aniversario.
Pero había querido ver a Daisy, y eso fue razón suficiente para presentarse.
Al final, el viaje había valido la pena para él.

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