Cuando Daisy se dio cuenta de lo que pasaba, ya estaba parada al borde de la zona VIP del evento.
—Señorita Luján, disculpe, olvidé comentarle —dijo Daisy a toda prisa—. Esta vez no vengo en representación del presidente Aguilar para comprar nada. Vengo por mi cuenta, tengo algo específico que quiero adquirir.
Lidia Luján se quedó sorprendida un instante, luego asintió y respondió:
—Entonces, permítame llevarla a la parte de atrás.
Las subastas tienen sus propias reglas, y la zona VIP solo admite a miembros premium del club.
Mientras Daisy se dirigía hacia los asientos del fondo, Oliver y Vanesa llegaron acompañados de algunos amigos.
Entre ellos iba Luis, que hablaba tan fuerte que Daisy alcanzó a oírlo desde lejos.
—¡Ya entendí! —exclamó Luis—. Así que ustedes dos vinieron hoy a escoger el regalo de compromiso. Vane se encarga de elegir, Oli de pagar.
—Y yo... ¡yo vengo a ser el aguantavelas y a ver cómo se echan miraditas todo el rato!
Vanesa soltó una carcajada y le contestó en tono de broma:
—Ay, ayúdame a elegir tú también. Ya sabes que me confundo con tantas opciones, mejor que haya más opiniones.
—Está bien, luego yo también subasto algo y se los regalo de compromiso —soltó Luis, animado.
—No hace falta que gastes tanto —respondió Vanesa, con una sonrisa.
—¡Claro que sí! Esto es muy importante para ustedes —insistió Luis, con total seriedad.
Luis no dejaba de bromear cuando, al darse la vuelta, se topó de frente con Daisy. Se le cortó el habla y hasta tartamudeó:
—Da... Daisy...
Sin hacerle caso, Daisy pasó de largo con el semblante serio, ignoró por completo al grupo y se fue a sentar en la parte trasera, donde estaban los asientos comunes.
Luis se quedó callado de golpe, intimidado.
Oliver, por su parte, no mostró ninguna reacción. Simplemente llevó a Vanesa y al resto a sentarse en la primera fila de la zona VIP, un sitio con la mejor vista.
Mientras tanto, Daisy terminó ubicada casi hasta la última fila, separada de ellos por dos secciones completas.
Eso, al final, le vino de maravilla para estar tranquila.
Ella tenía bien claro a qué iba: solo pensaba pujar por lo que le interesaba, así que el resto de la gente ni le importaba.
Mucho menos se iba a fijar en Oliver y compañía.
Bajó la mirada y empezó a revisar unos asuntos pendientes en su celular. Incluso aprovechó para platicar un poco con Pablo sobre el proyecto que tenían en mente.
Ahora que había decidido invertir en el proyecto de Pablo, tenía que ayudarlo a levantar el estudio cuanto antes.
Por eso, últimamente había mandado a Miguel a echarle una mano. Cuando ella tenía tiempo libre, también se daba una vuelta para ver cómo avanzaban.


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