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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 464

El director Andréu también era hombre, pero despreciaba ese tipo de comportamiento de los canallas.

Al mismo tiempo, no se olvidó de consolar a Daisy.

—No te preocupes, terminar antes de casarse es una bendición.

Daisy permaneció en silencio, sin mostrar demasiada emoción.

—Fue mi culpa por ser tan joven. No supe distinguir entre un hombre y un perro.

Lo dijo palabra por palabra.

Su voz era tan calmada que podría describirse como agua quieta.

Vanesa miró nerviosa a Oliver y se dio cuenta de que él estaba mirando a Daisy.

Su mirada se endureció un poco.

La expresión de Vanesa se ensombreció al instante, sintiendo un profundo malestar.

Yeray llegó con algo de retraso.

—Daisy, ¿esperaste mucho? Me encontré con un conocido y nos quedamos platicando.

—No, para nada —Daisy le sonrió y se despidió del director Andréu—. Director Andréu, ya me voy. Gracias por sus atenciones hoy, luego lo invito a comer.

—Claro que sí —aceptó el director Andréu sin dudarlo.

Yeray también asintió a los demás y se fue caminando junto a Daisy.

—¿Qué se te antoja comer?

—Lo que sea está bien.

—Recuerdo que antes te encantaba el pollo estofado con bambú de Casa Valero. ¿Quién sabe si ese lugar siga abierto?

Daisy se sorprendió.

—¿Todavía te acuerdas?

—Por supuesto. Nunca he olvidado lo que te gusta.

Mientras decía esto, Yeray le revolvió el pelo con la mano, con un gesto de suma ternura.

Parecían una pareja que llevara muchos años de novios.

El director Andréu los observó por un momento y luego le dijo a Oliver y a los demás:

—Vamos, nosotros también vayamos a comer.

—Oli —lo llamó Vanesa en voz baja.

La mirada de Oliver se detuvo por un instante, luego se desvió con indiferencia y le respondió a Vanesa.

—Vamos.

Vanesa por fin respiró aliviada.

Menos mal, Oliver no se había dejado seducir por Daisy.

Que ella hubiera conseguido una *offer* para la escuela de negocios era sorprendente, sin duda.

Pero no necesariamente le importaba a Oliver.

O mejor dicho, sin importar lo que ella hiciera o los logros que obtuviera, a Oliver no le importaría.

En silencio, sintió un poco de lástima por Yeray.

Daisy aprovechó la comida para poner a Yeray al día sobre el trabajo.

Alma Analítica ya se estaba preparando para su oferta pública inicial. Si tenía éxito, sería el proyecto que más rápido saldría a la bolsa en la historia empresarial de San Martín.

Yeray la apoyaba por completo y le aseguró que cooperaría plenamente con su trabajo.

A mitad de la comida, Luis llamó para preguntar dónde estaba Yeray.

Yeray le dijo que estaba comiendo.

—¿Cómo que sin invitarme? Olvídalo, mándame la ubicación, voy para allá.

Desde que se había enterado del secreto esa tarde, se estaba muriendo de la curiosidad y decidió ir a hablar con Yeray para averiguar más.

Yeray no respondió de inmediato, sino que le preguntó:

—¿Estás seguro de que quieres venir?

—¡Claro!

—Estoy con Daisy.

Luis se quedó en silencio.

—Mejor no, entonces. Sigan comiendo.

Se desanimó.

***

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