Para cuando Daisy regresó, ya había pasado la hora de cenar.
El enfermero le comentó que Oliver no había probado bocado en todo el día.
Preocupada, ella ni siquiera cenó y se regresó al hospital a toda prisa.
Al entrar a la habitación, Daisy vio a Oliver acostado en la cama.
Tenía los ojos cerrados, pero su expresión era gélida.
Era imposible saber si dormía de verdad o se estaba haciendo el dormido.
Daisy, bastante enojada, frunció el ceño y le reclamó secamente: —¿Qué te pasa? ¿Por qué no quieres comer?
El hombre en la cama ni se inmutó.
Daisy se sobó las sienes, sin entender qué clase de berrinche estaba haciendo ahora.
Para recuperarse de las heridas necesitaba alimentarse bien.
Si ni siquiera comía, ¿cómo iba a sanar?
—Contéstame, sé que estás despierto —lo regañó en voz baja pero con evidente molestia.
El hombre por fin abrió los ojos; su mirada era oscura.
Con una voz que parecía haber estado sumergida en agua helada, respondió: —No te metas.
Daisy soltó un bufido de frustración. —¿Crees que lo hago por gusto?
—¡Si no te hubieras lastimado por mi culpa, ni te voltearía a ver!
El ambiente en la habitación se volvió tenso al instante.
Daisy se dio cuenta de que se le había pasado la mano con sus palabras.
Al fin y al cabo, Oliver era el paciente.
Si el comentario le caía mal...
Justo cuando pensaba cómo arreglar la situación, a su estómago se le ocurrió gruñir de hambre.
El hombre, que hasta entonces había permanecido completamente distante, soltó de repente: —Tengo hambre. Se me antoja una sopa de fideos con res.
Daisy se quedó muda.
«¡Todavía sigo enojada!», pensó.
«Bueno, ya ni modo, comer es primero».
Daisy sacó el celular y, por costumbre, pidió de la fonda de fideos a la que solían ir.
Justo después de confirmar el pedido, recordó que esa era la comida favorita de ella.
Antes, a Oliver no le gustaban mucho los fideos.
Durante el cambio de turno, cuando el médico pasó a revisar, Daisy le preguntó cómo iba la recuperación de Oliver.
El doctor fue muy claro: —Pasado mañana ya podemos quitarle los puntos y darle el alta. Al ser joven, tiene buena condición y se ha recuperado rápido. Eso sí, como la herida del brazo se le ha estado abriendo, va a necesitar muchos cuidados cuando esté en casa.
Al mencionar la herida del brazo, a Daisy le ardieron las orejas inevitablemente.
—Entendido, muchas gracias, doctor.
En cuanto el doctor salió, Daisy le mandó una nota de voz a Miguel para pedirle que le comprara su vuelo de regreso para el viernes.
Su plan original era volverse a San Martín en cuanto terminara el juicio.
Pero no contaba con el incidente donde Emilia casi la atropella.
Para poder cuidar a Oliver, había retrasado su viaje un par de días más.
Sacando cuentas, justo caía en viernes.
Oliver entendió perfectamente lo que insinuaba y clavó la mirada en la herida de su brazo.
Cinco días.
Era muy poco tiempo.
No quería que terminara tan rápido.
Antes creía que le bastaba con verla de lejos.

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