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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 831

Para cuando Daisy regresó, ya había pasado la hora de cenar.

El enfermero le comentó que Oliver no había probado bocado en todo el día.

Preocupada, ella ni siquiera cenó y se regresó al hospital a toda prisa.

Al entrar a la habitación, Daisy vio a Oliver acostado en la cama.

Tenía los ojos cerrados, pero su expresión era gélida.

Era imposible saber si dormía de verdad o se estaba haciendo el dormido.

Daisy, bastante enojada, frunció el ceño y le reclamó secamente: —¿Qué te pasa? ¿Por qué no quieres comer?

El hombre en la cama ni se inmutó.

Daisy se sobó las sienes, sin entender qué clase de berrinche estaba haciendo ahora.

Para recuperarse de las heridas necesitaba alimentarse bien.

Si ni siquiera comía, ¿cómo iba a sanar?

—Contéstame, sé que estás despierto —lo regañó en voz baja pero con evidente molestia.

El hombre por fin abrió los ojos; su mirada era oscura.

Con una voz que parecía haber estado sumergida en agua helada, respondió: —No te metas.

Daisy soltó un bufido de frustración. —¿Crees que lo hago por gusto?

—¡Si no te hubieras lastimado por mi culpa, ni te voltearía a ver!

El ambiente en la habitación se volvió tenso al instante.

Daisy se dio cuenta de que se le había pasado la mano con sus palabras.

Al fin y al cabo, Oliver era el paciente.

Si el comentario le caía mal...

Justo cuando pensaba cómo arreglar la situación, a su estómago se le ocurrió gruñir de hambre.

El hombre, que hasta entonces había permanecido completamente distante, soltó de repente: —Tengo hambre. Se me antoja una sopa de fideos con res.

Daisy se quedó muda.

«¡Todavía sigo enojada!», pensó.

«Bueno, ya ni modo, comer es primero».

Daisy sacó el celular y, por costumbre, pidió de la fonda de fideos a la que solían ir.

Justo después de confirmar el pedido, recordó que esa era la comida favorita de ella.

Antes, a Oliver no le gustaban mucho los fideos.

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