Luego quiso verla más de cerca, cruzar un par de palabras.
Más adelante, sintió la necesidad de abrazarla.
Primero se conformó con un día, luego quiso dos, hasta el punto de desear que se quedara con él para siempre.
Así funciona el deseo: cuando consigues un poco, enseguida quieres más.
Al tercer día, Daisy volvió a despertar en la cama del hospital.
Pero esta vez ya ni se sorprendió.
Se levantó con toda tranquilidad para ir al baño a arreglarse.
Cuando salió, el doctor le estaba cambiando las vendas a Oliver. Al notar que la herida del brazo se había vuelto a abrir, frunció el ceño. —¿Por qué se le sigue abriendo esto? Con tanta fricción es muy fácil que se le infecte.
Oliver no respondió; se limitó a escuchar el regaño en silencio.
En cuanto el doctor salió, Daisy se le acercó para reclamarle: —¿Se te volvió a abrir por andarme cargando?
—No —lo negó él—. Me lastimé moviéndome, no tiene nada que ver contigo.
—¿En serio crees que me voy a tragar ese cuento?
Oliver evitó mirarla a los ojos, pero no dio su brazo a torcer: —Es la verdad.
—La verdad es que no tienes por qué hacer esto. Yo puedo dormir en el sofá. Si me quedé a cuidarte es porque te debía el favor, y bien sabes que no me gusta deberle nada a nadie, ni que hagas cosas por mí. Lo único que quiero es que seamos dos completos extraños en paz.
Sus palabras fueron precisas y crueles, justo donde más le dolían.
Oliver se quedó callado unos segundos antes de responder lentamente: —¿Y tú crees que yo quiero hacerlo?
Daisy se quedó sin palabras por un instante.
—Yo tampoco me puedo controlar.
—No soy capaz de cruzarme de brazos cuando estás en peligro. Mi cuerpo reacciona antes de que pueda pensarlo.
—Daisy, créeme que yo también quisiera que fuéramos solo dos extraños en paz.
Soltó una risa amarga.
—Es solo que no puedo.
Tras poner las cartas sobre la mesa, el ambiente en la habitación se volvió sofocante.
Daisy recogió sus cosas y, con voz fría, le indicó al enfermero que cuidara bien de Oliver.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar