Daisy entendía perfectamente esas pequeñas artimañas de mujer.
Solo le parecía que la actuación de Vanesa era un poco torpe.
Al fin y al cabo, su amiga Camila era casi una actriz de primera, y su actuación era mucho más natural.
La mirada de Daisy se posó en Vanesa solo por unos segundos antes de desviarla.
Nunca le habían interesado los asuntos que no le concernían.
En cuanto Daisy regresó a la oficina, sintió un ligero mareo, así que le pidió a Miguel que le preparara un sobre de medicina para el resfriado.
—Pero si en la mañana estabas bien, ¿cómo es que te resfriaste después de ir al Consorcio El Faro? —preguntó Miguel, con el rostro lleno de preocupación.
—El aire acondicionado del Consorcio El Faro parece que lo regalan. Lo tenían a la temperatura más baja, y encima me sentaron justo debajo. Estuve ahí como veinte minutos. Por suerte, la reunión fue rápida y no tardamos mucho, si no, creo que me habría desmayado allí mismo.
Daisy no estaba bromeando.
Ahora que lo recordaba, todavía sentía el frío hasta los huesos.
A Miguel no le hizo ninguna gracia oír el nombre del Consorcio El Faro.
—¿Fue la zorra de Espinosa otra vez, haciendo de las suyas?
A Daisy le hizo gracia su comentario.
—Se te está pegando lo de Camila.
El apodo de «la zorra de Espinosa» se lo había puesto Camila.
Miguel, después de pasar unos días con Camila, se había contagiado y ahora también la llamaba así.
—¡Y todavía te ríes! —la regañó Miguel.
La verdad es que Daisy estaba de buen humor, no se había dejado afectar por nadie.
Ni Vanesa ni Oliver podían arruinarle el día.
Por eso podía reírse.
El único que no estaba de buen humor era Miguel.
—¿Viste las noticias de la mañana? La zorra de Espinosa está otra vez presumiendo de su alto nivel académico. Hasta las acciones del Consorcio El Faro subieron. ¡De verdad que es una cucaracha difícil de matar!
—¿De verdad crees que con unas cuantas noticias y presumiendo de sus estudios va a poder recuperarse? —Daisy ya lo había calado todo.

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