Vanesa se sorprendió.
—¿Tan pronto volviste a Puerto Real?
—Sí, surgió un asunto familiar.
Vanesa no sabía si era verdad o no. Aunque se sintió decepcionada, solo dijo:
—No te preocupes. Cuando vaya a Puerto Real para el roadshow, te invitaré a cenar.
Esta vez, Benjamín no respondió. Ni aceptó ni rechazó.
Vanesa no le dio mayor importancia, pues sabía perfectamente lo cautivado que estaba Benjamín por ella.
***
Aunque el roadshow tuvo sus problemas y Quórum Tech se vio afectado, la cena de celebración ya estaba planeada.
A pesar de que Vanesa se sentía abrumada, no le quedó más remedio que armarse de valor y empezar a llamar para invitar a la gente.
Antes, por respeto a Oliver, todos la trataban con suma cortesía.
Pero en cuanto surgió un problema, todos cambiaron de actitud.
O decían que tenían algo que hacer y no podían ir, o simplemente no contestaban el teléfono.
Algunos, incluso, aprovecharon la oportunidad para pedirle que les devolviera su inversión.
Después de unas cuantas llamadas, Vanesa perdió la paciencia.
¡No eran más que un montón de oportunistas!
¡Como si hubieran olvidado que antes eran ellos los que le rogaban por una oportunidad de colaborar!
Cuando Oliver llegó a recoger a Vanesa, ella no tenía buena cara.
Fue Azucena quien le recordó que debía cuidar su expresión y no mostrarse tan emocional frente a Oliver.
Ningún hombre quiere a una mujer temperamental.
Y mucho menos una familia adinerada.
Lo que una familia así necesita es una matriarca que mantenga la calma ante la adversidad.
Así que Vanesa tuvo que reprimir sus emociones y forzar una sonrisa mientras se dirigía con Oliver al Hotel 1817.
Antes de llegar, Vanesa se había preparado mentalmente, anticipando que la cena podría ser un fracaso.
Pero no imaginaba que sería tan desolador.

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