Luis se quedó sin palabras.
¿Por qué su padre era tan terco?
—Ya le prometí a Oli que iría. ¿No eras tú el que siempre me decía que me juntara más con él? ¿Por qué cambias de opinión de un día para otro? —Luis pataleaba de la frustración.
—Antes, Oliver no estaba con Vanesa.
—… —Luis no sabía qué decir.
Sentía que a su padre, con la edad, se le había ido la cabeza y ya no entendía de razones.
—Acepté que no me dejaras invertir en el proyecto de Vane, ¡pero no puedes meterte en mis amistades!
Matías lo ignoró.
En ese momento, alguien llamó a la puerta.
—Señor Luis, ha llegado el arreglo floral que encargó.
Era una corona de flores de felicitación.
Matías señaló a Luis.
—Dáselo a él.
Luis, que hasta hacía un momento estaba decaído, se animó al ver el arreglo floral.
—¡Ay, papá! ¿A tu edad y con estas cosas? Dices que no me dejas ir, ¡pero en secreto ya habías encargado un arreglo de felicitación!
Luis tomó el arreglo con alegría.
Su sonrisa era radiante.
Pero a los pocos segundos, se le congeló en el rostro.
Vio que la tarjeta decía: *Para Daisy*.
Así que el arreglo era para Daisy.
—Acabo de llamar a la presidenta Ayala. Si vas ahora, llegarás justo a tiempo. Recuerda felicitarla de mi parte.
—Papá…
—Y otra cosa: te quedas en la cena hasta que termine. ¡Ni un minuto antes! ¡Si no, olvídate de que soy tu padre!

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