—Querer hacerse la valiente a estos niveles... no tiene madre.
Jazmín no habló quedito que digamos; al menos todos los presentes la escucharon.
Incluido Oliver Aguilar.
Él tenía una expresión indiferente, sin la más mínima emoción, como si el asunto de Daisy Ayala no le importara en lo absoluto.
Su atención estaba completamente fija en Vanesa Espinosa.
Mientras otros discutían sobre Daisy, él le preguntaba a Vanesa: —¿Estás nerviosa?
Vanesa aún no había respondido cuando Jazmín, que estaba a su lado, se adelantó a contestar: —Mi prima ya es doctora en finanzas, una simple maestría no es nada para ella, no la va a detener y mucho menos la va a poner nerviosa.
Vanesa, claramente más modesta que ella, respondió: —No digas eso, la maestría del Dr. Ferrer no es fácil de conseguir.
Jazmín hizo un puchero con aire de niña fresa y arrogante: —Ay, prima, es que eres demasiado modesta. Desde chiquita has sido excelente, sacando el primer lugar año tras año, tu talento se nota a leguas. Digo, no cualquiera consigue una oferta de la Escuela de Negocios de Wharton, ¿sabes?
Incluso Luis comentó: —¡Ya, Vane, no te hagas menos! ¡Danos chance a los que sí somos unos inútiles para no sentirnos tan mal!
Los hechos demostraban que cuanto más excelente es una persona, más modesta suele ser.
Por eso él admiraba mucho esa seguridad que Vanesa tenía bajo toda su excelencia.
En cuanto a Daisy...
Luis echó otro vistazo hacia donde estaba Daisy con una expresión difícil de describir.
¡Ojalá que cuando se caiga del pedestal no ande chillando!
—Bueno, chicos, hasta aquí llegamos. Ya casi es hora, así que voy a entrar. Ustedes vayan a hacer sus cosas, especialmente tú, Oli, ¿no tienes muchos asuntos que atender en la empresa? No te quedes aquí esperándome, en cuanto termine el examen voy directo a buscarte a la oficina —dijo Vanesa a Oliver después de checar la hora.
—No importa, te esperamos —declaró Oliver de manera concisa, dejando clara su postura.
Jazmín dijo con un tono tan empalagoso que daba dentera: —Prima, ¿cómo crees que mi cuñado no te va a esperar? ¡Para él siempre has sido la prioridad, por favor!
—Ay, cómo hablas —bromeó Vanesa con Jazmín, aunque por dentro estaba encantada.
Así que, antes de entrar, le dio un abrazo a Oliver.
Se despidieron como si no quisieran separarse.
En la entrada de la universidad.
Daisy acababa de pasar el control de seguridad y se giró para despedirse de Yeray Ibáñez con la mano.

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