Daisy se rascó la cabeza; de pronto se sentía un poco rara volviendo al rol de estudiante: —Lo revisé tres veces.
Damián resopló con frialdad: —¿Y qué quieres? ¿Qué te aplauda?
—... —Daisy no se atrevió a contestar.
La razón por la que dijo eso fue porque antes solía revisar solo una vez y entregar.
Y siempre entregaba antes de tiempo en cada examen.
Después de que Damián la cachara varias veces, le exigió estrictamente que tenía que revisar de principio a fin tres veces y que no podía entregar el examen con más de cuarenta minutos de antelación.
¡Daisy estaba rayando el límite!
Si no fuera porque ella tenía otro examen en la tarde, Damián le habría puesto una regañiza de aquellas.
Esta vez la dejó pasar a regañadientes: —¡En el examen de la tarde no quiero que entregues antes!
—Entendido.
Damián puso las manos tras la espalda y continuó su ronda de supervisión.
Cuando Benjamín se fue siguiendo a Damián, tuvo que pasar junto a Daisy.
Le lanzó una mirada indiferente y en sus labios se dibujó una sonrisa fría y sarcástica.
En cuanto a nivel académico y conocimientos, Vanesa aplastaba a Daisy por completo.
En la escuela de negocios, él había leído los ensayos que escribía Vanesa.
Tenían un nivel profesional altísimo, e incluso sus profesores solían usarlos como material de análisis extra en clase.
Así que esta vez, Daisy se iba a dar un buen golpe contra la pared.
Daisy aún no salía de la universidad cuando vio a Yeray.
Él había entrado y no se había ido.
Incluso había previsto que ella entregaría antes, así que ya la estaba esperando fuera de la sala de examen desde hacía rato.
—Ya reservé el restaurante, vamos a comer.
—Sale, vamos —aceptó Daisy sin rodeos.
Los dos salieron platicando y riendo.
Al pasar por el pequeño patio fuera de las salas de examen, se toparon con el grupo de Oliver.


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