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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 591

Cuando Cristian se fue, Vanesa observó con cuidado la reacción de Oliver. Él seguía igual que siempre, sin cambios. Al ver que ella ya no comía, alzó la vista y preguntó:

—¿No te gustó la comida?

—No es eso. —Vanesa sintió un alivio en el pecho.

Después de comer, Oliver tenía una junta en Grupo Prestige, así que de paso llevó a Vanesa a la residencia de la familia Espinosa. Apenas entró, Jazmín la vio y preguntó sorprendida:

—¿Por qué regresaste tan rápido? ¡Pensé que estarías en una cita con mi cuñado todo el día!

—Acaba de regresar y tiene un montón de pendientes en la empresa. El tiempo para desayunar conmigo seguro lo sacó a la fuerza. —Vanesa caminó hacia el sofá con el regalo que le dio Oliver y se sentó.

Jazmín se le pegó de inmediato:

—Ese regalo te lo dio mi cuñado, ¿verdad?

—Ajá.

—¡Es joyería!

—Supongo.

—¡Guau! ¡¿Será ese juego de rubíes?! —Jazmín estaba más emocionada que Vanesa.

En ese momento, Azucena y Victoria bajaron de la planta alta y, al escuchar a Jazmín, se acercaron a curiosear. Cuando Oliver le entregó el regalo, Vanesa también había pensado en eso, pero luego lo descartó. ¿No había dicho Jazmín que ese collar de rubíes tenía un significado especial? Oliver seguro planeaba usarlo para pedirle matrimonio, y como hoy no lo hizo, obviamente no le daría ese juego de joyas.

—Regalo de viaje, supongo. Parece que tiene la costumbre de comprarme algo cuando regresa de una gira de trabajo.

La expresión de Azucena se relajó:

—Entonces nosotras pensamos de más. Si es solo un souvenir, está bastante bien. Significa que te tiene presente, que incluso trabajando fuera se acuerda de ti.

Victoria la apoyó de inmediato:

—Sí, sí, es un detallazo.

Con los ánimos de todas, Vanesa se sintió un poco mejor. Pero el buen humor no le duró mucho. Una hora después, Vanesa corrió a toda prisa hacia Consorcio El Faro. Cuando llegó, Oliver ya estaba ahí, presidiendo una junta de emergencia. En la sala de juntas estaban los accionistas y altos ejecutivos del Consorcio El Faro. Todos tenían muy mala cara. Oliver estaba de pie en la cabecera, en camisa, con las manos en la cintura y el rostro cargado de furia. Él había levantado el Consorcio desde cero; los accionistas y directivos le tenían pavor, así que todos mantenían la cabeza baja sin atreverse a decir ni pío.

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