Vanesa apretó la correa de su bolsa y, conteniendo su coraje, preguntó:
—¿Y cuándo tendrá tiempo la presidenta Ayala? Tengo una propuesta de colaboración que quiero tratar con ella personalmente.
—Lo siento, la presidenta está realmente saturada, no tendrá tiempo en estos días. —La actitud de Miguel seguía siendo displicente y desdeñosa.
Finalmente, Vanesa se marchó con una expresión de vergüenza.
Al regresar al coche, Jazmín preguntó de inmediato:
—¿Cómo te fue?
La cara de Vanesa estaba peor que antes.
—Daisy no quiso recibirme.
Jazmín se puso furiosa al escucharlo.
—¡Qué payasa! ¡Se hace la importante!
Pero por más que insultaran, Vanesa no tenía otra salida.
—¿Y ahora qué hacemos? ¿Nos rendimos? —preguntó Jazmín.
Vanesa frunció el ceño con fuerza, casi rompiéndose los dientes de tanto apretar la mandíbula.
—¡No podemos rendirnos!
Rendirse, para ella, significaba el fin.
No importaba cuánto la humillara Daisy; tenía que agachar la cabeza y tragarse el orgullo.
—El problema es que Daisy ni siquiera me da la oportunidad de verla. ¿Cómo voy a negociar?
Vanesa recordó la cena de iniciación del fin de semana. Hizo una pausa y dijo:
—Ya sé dónde encontrarla.
Camila acababa de terminar su escena cuando vio el mensaje de Daisy contando que Vanesa había ido a rogarle.
Y que ella no la recibió.
Camila envió otros sesenta segundos de audio.
Esta vez, Daisy fue más lista: no lo reprodujo, sino que usó la función de convertir a texto.
Como era de esperarse, eran sesenta segundos de «Jajajajaja...».
Luego Camila envió un segundo audio.
Este era breve, solo un segundo.
Daisy lo abrió y la escuchó decir:
—¡Qué satisfacción!
Después de desahogarse, Camila recordó preguntar:
[¿Por qué te fue a rogar Vanesa?]
[Debe ser por lo de Consorcio El Faro. La solicitud de quiebra le afecta mucho, supongo que espera que InnovaMex los adquiera].
[Con razón anda tan urgida].


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