Vanesa dijo que tenía que esperar a alguien.
—Entonces entro yo primero —dijo Manolo.
—Está bien.
Apenas se fue él, llegó Oliver.
Como tenían el tiempo encima, entraron sin hablar mucho.
Vanesa, por costumbre, siguió el paso de Oliver y se dirigió hacia la primera fila.
Pero al buscar su asiento, se dio cuenta de que ahí solo estaba el nombre de Oliver, no el suyo.
Lo que más le molestó fue ver que el asiento de Daisy estaba junto al de Oliver.
Al ver a Daisy, la mirada de Vanesa se volvió helada.
Oliver no notó su cambio de humor; buscó con la vista y encontró que el lugar de Vanesa estaba en la penúltima fila.
—Voy a hablar con los organizadores para que te pasen al frente —le dijo Oliver a Vanesa.
Vanesa lo detuvo rápidamente.
—No te molestes, me siento atrás, está bien. No quiero que siempre te estés preocupando por mí.
—¿Segura? —Oliver parecía preocupado.
Vanesa sonrió con calma.
—No soy una niña chiquita.
—Bueno, siéntate rápido, yo también me voy a mi lugar.
Vanesa actuó de manera comprensiva y sensata, dándose aires de esposa digna.
Barrió a Daisy con una mirada fría y luego caminó indiferente hacia el asiento que le habían asignado.
Daisy tenía los audífonos puestos escuchando un reporte de trabajo, así que ni se enteró del drama silencioso entre los dos.
Incluso la gente sentada junto a Vanesa comentaba con envidia:
—Esa presidenta Ayala tiene un ojo clínico, ¡proyecto en el que invierte, proyecto que pega! Alma Analítica ya está valuada en más de cien mil millones, y ese nuevo juego, «Pacto de Hierro», causó una tormenta global solo con el tráiler. ¡Imagínense cuando salga!
—Y lo peor es que es joven y guapa, ¿no da coraje?
—Ya ni me digas.
—Ay, cállense mejor, que me estoy dando de topes en la pared. Cuando la presidenta Ayala buscaba inversión para Alma Analítica, nadie quiso entrarle, ¡incluyéndome! Si hubiera sabido que Alma Analítica llegaría a esto, habría vendido hasta los calzones para invertir.
—Pues ni modo, no te tocaba.
Eso era lo que más le ardía a Vanesa.
Al escuchar esos comentarios, su cara se ponía cada vez más seria y fría.
Cuando volvió a mirar a Daisy, sintió el presentimiento de que jamás podría alcanzarla en esta vida.

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