—¿Qué reacción esperabas? ¿Celos? ¿Envidia? ¿Que se volviera loco? —se rio Daisy— No hizo nada, estuvo muy tranquilo.
Camila chasqueó la lengua.
—Qué aburrido.
Había esperado ver a Oliver arrepentirse y volverse loco de amor por haber perdido un tesoro como Daisy... pero, ¿solo eso? ¡Maldito perro sin sentimientos! ¡Que se muera!
Camila no quiso seguir hablando de ese sujeto de mala suerte y preguntó por Fernando. Por supuesto, también fue Miguel quien le pasó el chisme.
—Primero que nada, ¡yo no apruebo a Fernando! —declaró Camila—. ¿Cómo dice el dicho? «No vengas por la fama si no estuviste en la derrota». Ese tipo te tiraba indirectas antes y ahora que tienes éxito, ¿se te pega? ¿Qué le pasa? ¡Aunque tenga buena madre no sirve! Cuando estás bien te prometen el cielo y las estrellas, pero si un día caes, ¿te seguirá eligiendo? ¡Obvio que no! La alta sociedad es así, todo es interés. Si no vales nada, ni te voltean a ver. ¡Son una basura!
Daisy escuchó su retahíla de quejas y sonrió.
—Parece que los conoces muy bien.
—Veo muchas telenovelas —admitió Camila, pero se trabó un poco—. Yo no lo pensé tanto, pero con Fernando, definitivamente no tengo interés.
Camila rodó los ojos al otro lado de la línea.
—Ahora eres tan casta que podrías ser monja, ¿te interesa alguien? —Y al decir esto, Camila volvió a renegar—: ¡Ese maldito Yeray! Justo cuando lograste dudar un poco, ¡se rajó! ¡Es una tortuga cobarde!
¡Qué decepción! Y eso que ella había tratado de convencer a Daisy de darle una oportunidad.
—Solo puedo decir que no ha llegado el indicado —dijo Daisy con calma. El amor no era una necesidad básica. Si llegaba, bien; si no, dejaría que fluyera.
—Es el perro del vecino que está ladrando, las paredes de este hotel son de papel. Cuelgo, no quiero que escuches cochinadas.
Y sin esperar respuesta, cortó la llamada. Daisy entornó los ojos. Colgar tan rápido era una clara señal de culpa. Conociendo a Camila, si fueran los vecinos haciendo ruido, le habría transmitido en vivo el chisme. ¡No habría colgado! Daisy sintió que le estaban viendo la cara en su propia casa. En cuanto terminara con el trabajo, ¡iría a atraparlos infraganti!
Daisy regresó a la habitación. Nina seguía dormida y Daisy se acostó a su lado. Su mente estaba brumosa, pero había un pensamiento claro que flotaba en ella.
«Estos días no se ha sentido bien de salud. Si puedes, visítalo más seguido.»
«Mi papá... te lo encargo.»
Era de noche. Daisy se sentó de golpe en la cama. Esta era la segunda vez que Oliver le encargaba a Mario. La primera fue antes de su compromiso con Vanesa. La segunda fue esta noche. ¿Qué significaba eso realmente?

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