Oliver sintió la garganta seca.
La razón le gritaba que debía soltarla de inmediato.
Pero su cuerpo tenía voluntad propia, aferrándose a ella con avidez, negándose a dejarla ir.
Daisy estaba realmente borracha, su cuerpo no le respondía; menos mal que alguien la sostenía. Así que, con toda cortesía, le agradeció a la persona que la ayudaba.
—Si no es mucha molestia, ¿podrías ayudarme a llegar a la terraza? Necesito aire. —Daisy se masajeó las sienes.
Hace unos días no había descansado bien por acompañar a Camilo a unos eventos en Isla Palmera. Y ahora, con el alcohol encima, el mareo era insoportable.
—Si te da el aire frío ahora, te va a doler más la cabeza —dijo Oliver, bajando la voz a propósito.
Por suerte, Daisy tenía la atención dispersa y, con el dolor de cabeza, ni siquiera notó la diferencia.
—Te voy a preparar agua con miel.
Dicho esto, ayudó a Daisy a caminar hacia un privado cercano.
Cuando Luis vio que traía a alguien, se le desencajó la mandíbula. Estaba a punto de decir algo cuando Oliver le lanzó una mirada.
Luis entendió el mensaje.
Significaba: «Desaparécete».
Así que, muy prudentemente, salió de ahí para no hacer mal tercio.
La luz en el privado era tenue. Daisy se recargó en el sofá y cerró los ojos, tratando de controlar el vértigo.
De pronto sintió calor sobre los párpados.
Era una toalla caliente.
La temperatura alivió enormemente el mareo, haciéndola suspirar de alivio involuntariamente.
Con razón la presidenta Zamora se perdía en los encantos de estos muchachos.
Realmente sabían cómo consentir a una mujer.
Justo cuando Daisy empezaba a sentirse mejor, el hombre le acercó el agua con miel y limón a los labios. Ella mordió el popote y bebió a sorbitos. Solo cuando su estómago se sintió menos revuelto, soltó el vaso.
—¿Te sientes mejor?
Escuchó que el hombre preguntaba.
Hasta la voz se parecía a la de Oliver.
«De verdad estoy bien borracha», pensó Daisy con autoironía.
—¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí? —preguntó Daisy para hacer plática.
Sentía que hablar de otra cosa distraería su mente y evitaría que pensara en tonterías.


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