—Ustedes...
Daisy sabía por dónde iba la pregunta y la cortó de tajo:
—Llevamos años sin vernos.
Lo que implicaba que ya no tenían nada que ver.
La presidenta Zamora soltó una risita incómoda y suspiró:
—La vida da muchas vueltas, es como una obra de teatro. Pensé que acabarían juntos, considerando cuánto te ayudó el presidente Aguilar en su momento.
Daisy soltó una risa irónica al escucharla.
—Zamora, creo que te equivocas. Con que no me hiciera la vida imposible me bastaba, ¿cómo crees que me iba a ayudar?
Recordaba perfectamente que, para proteger a Vanesa, él le había quitado recursos y contactos sin piedad.
Tenía muy claro quién le había tendido la mano y quién le había dado la espalda.
La presidenta Zamora se apresuró a aclarar:
—No sé los detalles de otros asuntos, pero si el presidente Aguilar no hubiera servido de aval, yo no habría invertido en ti.
Daisy se quedó helada.
¿Oliver... fue su aval?
¿Cómo era posible que no supiera nada?
Zamora se mostró un poco apenada.
—No me lo tomes a mal, pero en esa época, dada tu situación, casi nadie se animaba a meterle tanto dinero a tu proyecto. Por eso te rechacé cuando fuiste a buscarme a Santa Fe.
Daisy recordaba bien eso.
En ese entonces no estaba bien preparada, pero le urgía la inversión, así que se había lanzado a Santa Fe para buscar a la presidenta Zamora.
Y Zamora la había rechazado.
Se había sentido muy decepcionada, pensando que el proyecto del puerto se iba a venir abajo.
Para su sorpresa, al día siguiente, cuando estaba por regresar a San Martín, Zamora fue a buscarla a su hotel diciendo que lo había pensado mejor y que aceptaba invertir.
Ese dinero le salvó el pellejo.
Gracias a eso pudo concretar la remodelación del puerto.
Por eso siempre había estado agradecida con la presidenta Zamora.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar