Pedro miró los papeles que Camila había preparado y escuchó sus condiciones.
Se quedó atónito un momento.
Esa sensación de que algo no cuadraba volvió a aparecer...
¿No le gustaba mucho el dinero a Camila?
¿Lo estaba rechazando así como así?
Y por su tono, parecía que... ya no sentía absolutamente nada por él.
Guardó silencio un buen rato antes de dar su respuesta:
—No voy a firmar.
Camila frunció el ceño, impaciente.
—¿Cuál condición no te parece? Pide lo que quieras.
De todos modos, ella estaba decidida a divorciarse.
Pedro apretó los labios formando una línea recta.
—Grupo Castaño tiene un proyecto muy importante que está por cotizar en bolsa. No puede haber ningún error durante este periodo.
¿Esa era su razón para no firmar?
Como buen empresario, ¡solo le importaban las ganancias!
Camila soltó una risa burlona.
—Creí que estarías desesperado por darle su lugar a Jimena. Parece que tú necesitas la libertad más que yo.
El tono de Pedro se volvió duro de nuevo.
—Esos son mis asuntos, no te incumbe.
Así que sí planeaba casarse con Jimena.
Ella se estaba quitando de en medio para facilitarle las cosas, ¡y aun así él no estaba satisfecho!
—No seas ridículo, Pedro. No me interesa tu vida, solo pienso que si sigues alargando esto, vas a retrasar mi camino hacia una vida mejor.
A Pedro se le endureció la expresión.
—Cuando el proyecto salga a bolsa con éxito, puedo darte el tres por ciento de las acciones del grupo.
Camila vaciló un instante.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar