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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 747

Pedro miró los papeles que Camila había preparado y escuchó sus condiciones.

Se quedó atónito un momento.

Esa sensación de que algo no cuadraba volvió a aparecer...

¿No le gustaba mucho el dinero a Camila?

¿Lo estaba rechazando así como así?

Y por su tono, parecía que... ya no sentía absolutamente nada por él.

Guardó silencio un buen rato antes de dar su respuesta:

—No voy a firmar.

Camila frunció el ceño, impaciente.

—¿Cuál condición no te parece? Pide lo que quieras.

De todos modos, ella estaba decidida a divorciarse.

Pedro apretó los labios formando una línea recta.

—Grupo Castaño tiene un proyecto muy importante que está por cotizar en bolsa. No puede haber ningún error durante este periodo.

¿Esa era su razón para no firmar?

Como buen empresario, ¡solo le importaban las ganancias!

Camila soltó una risa burlona.

—Creí que estarías desesperado por darle su lugar a Jimena. Parece que tú necesitas la libertad más que yo.

El tono de Pedro se volvió duro de nuevo.

—Esos son mis asuntos, no te incumbe.

Así que sí planeaba casarse con Jimena.

Ella se estaba quitando de en medio para facilitarle las cosas, ¡y aun así él no estaba satisfecho!

—No seas ridículo, Pedro. No me interesa tu vida, solo pienso que si sigues alargando esto, vas a retrasar mi camino hacia una vida mejor.

A Pedro se le endureció la expresión.

—Cuando el proyecto salga a bolsa con éxito, puedo darte el tres por ciento de las acciones del grupo.

Camila vaciló un instante.

—¿No hubo acuerdo? —Daisy adivinó el resultado al ver su estado.

Camila estaba frustrada.

—¡No quiere firmar! Dice que la empresa va a lanzar un proyecto importante a la bolsa y el divorcio afectaría.

Daisy sugirió:

—Entonces deja que Vicente negocie con él. Pero prepárate mentalmente, porque un divorcio contencioso puede tardar mucho.

Camila entendía eso perfectamente, por eso estaba tan molesta.

Irse a juicio sería una pérdida de tiempo; comparado con eso, tal vez era mejor esperar a que el proyecto saliera a bolsa y llevarse ese tres por ciento.

—Es que nunca pensé que me atoraría en este paso.

Ella creía que Pedro estaría feliz de divorciarse.

Al fin y al cabo, su existencia era lo que le impedía correr a los brazos de su verdadero amor.

—¡Todos los hombres son una basura!

Apenas Camila terminó de maldecir, Manolo empujó la puerta y entró.

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