Apenas se fue Vicente, llegó Pedro.
En esos tres días, él también había ido a diario.
Pero no entraba a la habitación, probablemente porque sabía que Camila no quería verlo.
Cada vez que venía, traía suplementos y vitaminas, hablaba con el médico sobre su estado y luego se sentaba un rato afuera antes de irse.
En cuanto a las cosas que traía, todas terminaban en la basura.
Pedro lo sabía.
Pero aun así, seguía llevándolas puntualmente todos los días, sin importarle lo que Camila hiciera con ellas.
Daisy, preocupada de que el estado de ánimo de Camila se viera afectado, dijo:
—Voy a hablar yo con él.
—Daisy, déjame hacerlo a mí —Camila le dio unas palmaditas en la mano a su amiga—. No soy tan frágil.
Pedro, como siempre, le entregó las cosas a la enfermera.
Eran tónicos y suplementos para la sangre, todos carísimos.
La enfermera estaba apenada:
—La señorita Benítez no los acepta. Los que trajo antes terminaron todos en el bote de basura. Mejor lléveselos, es una lástima tirarlos, se ve que son caros.
—No, déjalos. Que ella haga lo que quiera con ellos —Pedro insistió en entregárselos.
Luego se dirigió a la oficina del médico.
El doctor ya estaba acostumbrado a sus visitas diarias para preguntar por Camila:
—Se está recuperando bien, pero todavía está débil. Cuando regrese a casa tendrá que alimentarse muy bien; aunque fue un legrado, requiere el mismo reposo que un parto, no se puede descuidar.
—¿Cuándo la dan de alta?
—Mañana mismo puede salir —dijo el médico.
La tensión que Pedro había cargado por días finalmente se aflojó un poco.
Se despidió del doctor y salió, dispuesto a sentarse un rato fuera de la habitación de Camila como las otras veces.
Pero apenas llegó al pasillo, escuchó a Daisy llamarlo:
—Hablemos de nuestro divorcio —dijo Camila sin rodeos, directa y sin ninguna emoción.
Estaba aterradoramente calmada.
—Este es el convenio de divorcio, léelo primero. —Camila puso los papeles que ya tenía listos sobre la mesa de servicio y levantó la vista para mirarlo.
—Sobre lo del bebé, lo siento mucho, fue un descuido de mi parte. Ya estoy investigando, pero el lugar donde estabas era un punto ciego de las cámaras y no se grabó nada, así que aún no encuentro al culpable —dijo Pedro, como dando una explicación.
Pero eso ya no importaba.
Lo único que ella quería resolver ahora era divorciarse de él.
En cuanto a quién la lastimó, ¡ella misma lo investigaría!
¡No necesitaba que él se metiera!
—Estoy hablando del divorcio, dejemos los otros temas para después —le recordó Camila—. Ya consulté con un abogado; el acuerdo que firmamos no tiene validez legal, así que te voy a devolver las dos transferencias que me hiciste.
—Además, el dinero que pagaste por lo de Laura Cruz antes de casarnos, también te lo voy a devolver íntegro.
—Esos son los únicos lazos económicos entre nosotros. No quiero nada más, me voy con lo puesto. Si no tienes inconveniente, firma el divorcio.

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