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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 789

Jimena también escuchó la llamada y se levantó apresuradamente. —Pedro, mejor me voy para que mi prima no malinterprete las cosas.

Pero apenas dio dos pasos, soltó un quejido.

Pedro corrió a sostenerla, frunciendo el ceño. —¿Todavía no te curas del pie?

Jimena tenía los ojos enrojecidos. —Anoche había paparazzis afuera del hotel. Me dio miedo que inventaran chismes, así que no fui al hospital; me puse hielo yo sola. Pensé que ya estaba bien, pero quizás me lastimé otra vez al venir a buscarte, por eso me duele.

—Quédate aquí, ahorita te llevo al hospital —dijo Pedro al instante.

—Pero mi prima…

—No te preocupes por ella —Pedro la sentó de nuevo en la cama—. Tu lesión es lo importante.

Jimena se quedó sentada obedientemente en la cama.

En ese momento, Camila y Daisy llegaron a la habitación y golpearon la puerta con fuerza: ¡Pum, pum, pum!

Pedro volvió a fruncir el ceño; detestaba ese escándalo que armaba Camila.

Esto era un hotel, un lugar público; molestar a los demás estaba muy mal visto.

Así que fue rápido a abrir.

Camila estaba levantando la mano para el segundo round de golpes cuando la puerta se abrió.

Pedro, con cara de pocos amigos, le dijo: —Vas a despertar a los vecinos con ese ruido.

Camila soltó una risa incrédula. —¿Les molesta a los vecinos o te molesta a ti?

—¿Qué quieres decir?

—Quítate. —Camila lo empujó y entró a la brava.

En cuanto entró, vio a Jimena sentada en la cama.

La habitación era una suite, tenía sofás y sillas; en el peor de los casos, podía sentarse en la alfombra.

Pero Jimena tenía que estar a fuerza sentada en la cama.

Era demasiado obvio.

—¡Explicaciones mis ovarios! —bramó Camila.

Levantó la mano y le dio otra cachetada a Jimena.

Para que quedara parejo.

Pedro, desesperado y perdiendo la compostura, empujó el brazo de Manolo y corrió a jalar a Camila. —¡¿Hasta cuándo vas a seguir con este numerito?! ¿Cuándo te volviste así? Mírate, ¿te queda algo de dignidad? Si un reportero te ve, van a escribir cualquier cosa y los Castaño van a salir embarrados por tu culpa.

Cuando uno está harto, realmente se queda sin palabras.

Pedro, para colmo, la miraba con decepción. —Creí que eras una persona sensata y prudente, pero ahora me armas un escándalo por esta pequeñez.

—¿Pequeñez? Pedro, ¿tienes aserrín en la cabeza? ¡Me están difamando diciendo que soy una mantenida! ¿Y dices que es una pequeñez? ¿Tanto te gusta que te vean la cara de estúpido? —Camila temblaba de rabia.

¿La persona decepcionada no debería ser ella?

Pedro se quedó atónito un instante. —¿Qué difamación? ¿Quién te difamó?

—¡Ella! —gritó Camila señalando a Jimena en la cara.

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