Una vez que Daisy se alejó, Luis dobló la esquina y miró al hombre que estaba recargado en la pared, a unos pasos de ahí.
—Oli...
Oliver tenía la mitad del rostro cubierto por las sombras, lo que ocultaba la expresión de su mirada.
Aun así, Luis podía percibir lo destrozado que estaba por dentro. Se le notaba encima un cansancio hondo, de esos que te rompen por dentro sin hacer ruido.
Tras un largo y pesado silencio, Oliver por fin habló:
—¿Tienes un cigarro?
—Ando tratando de dejarlo. Solo traigo unas pastillas de menta, ¿quieres? —respondió Luis.
Oliver soltó un suspiro de resignación y aceptó la pastilla. El intenso sabor a menta se fue deshaciendo poco a poco en su boca, y un frescor helado le bajó por la garganta.
Un frío que, poco a poco, pareció instalársele también en el pecho.
Luis también se echó una a la boca y la saboreó un momento.
—Oli, a mí se me hace que Daisy lo dijo en serio. Si te sigues escondiendo, mejor ya ni te le cruces en el camino por el resto de tu vida.
Prácticamente era un ultimátum. Si la veía, malo; si se escondía, peor. Estaba contra la espada y la pared.
Oliver se quedó callado.
Luis simplemente se quedó a su lado, haciéndole compañía en silencio.
Así se lo había recomendado Arturo Hernández; le advirtió que en su estado actual, Oliver no podía quedarse solo.
Como ya no sabía qué hacer para matar el tiempo, Luis sacó su celular para checar las redes.
Pero al ir scrolleando, de pronto frunció el ceño y soltó en voz alta:
—¡Ah, caray! ¿Qué onda con Yeray? ¿Cómo que se va a divorciar? ¿Pues cuánto tiempo lleva casado?
Justo en ese momento, se escuchó un crujido seco a su lado.
Era el sonido de la pastilla de menta siendo destrozada por los dientes de Oliver.
***
Después de salir del hospital, Daisy se dirigió directamente a las oficinas del Banco Unión Central.
Dicho banco era uno de los inversionistas de Cosmovisión Financiera Guaraní.
No obstante, con el paso de los años, su porcentaje de acciones había ido disminuyendo hasta el punto de que, al día de hoy, ya no les quedaba casi nada.
Aun así, Daisy les guardaba mucho respeto; a fin de cuentas, el Banco Unión Central fue uno de los socios fundadores.
Si no hubiera sido por aquella inversión inicial, Cosmovisión Financiera Guaraní jamás habría llegado a ser lo que era.

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