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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 821

Una vez que Daisy se alejó, Luis dobló la esquina y miró al hombre que estaba recargado en la pared, a unos pasos de ahí.

—Oli...

Oliver tenía la mitad del rostro cubierto por las sombras, lo que ocultaba la expresión de su mirada.

Aun así, Luis podía percibir lo destrozado que estaba por dentro. Se le notaba encima un cansancio hondo, de esos que te rompen por dentro sin hacer ruido.

Tras un largo y pesado silencio, Oliver por fin habló:

—¿Tienes un cigarro?

—Ando tratando de dejarlo. Solo traigo unas pastillas de menta, ¿quieres? —respondió Luis.

Oliver soltó un suspiro de resignación y aceptó la pastilla. El intenso sabor a menta se fue deshaciendo poco a poco en su boca, y un frescor helado le bajó por la garganta.

Un frío que, poco a poco, pareció instalársele también en el pecho.

Luis también se echó una a la boca y la saboreó un momento.

—Oli, a mí se me hace que Daisy lo dijo en serio. Si te sigues escondiendo, mejor ya ni te le cruces en el camino por el resto de tu vida.

Prácticamente era un ultimátum. Si la veía, malo; si se escondía, peor. Estaba contra la espada y la pared.

Oliver se quedó callado.

Luis simplemente se quedó a su lado, haciéndole compañía en silencio.

Así se lo había recomendado Arturo Hernández; le advirtió que en su estado actual, Oliver no podía quedarse solo.

Como ya no sabía qué hacer para matar el tiempo, Luis sacó su celular para checar las redes.

Pero al ir scrolleando, de pronto frunció el ceño y soltó en voz alta:

—¡Ah, caray! ¿Qué onda con Yeray? ¿Cómo que se va a divorciar? ¿Pues cuánto tiempo lleva casado?

Justo en ese momento, se escuchó un crujido seco a su lado.

Era el sonido de la pastilla de menta siendo destrozada por los dientes de Oliver.

***

Después de salir del hospital, Daisy se dirigió directamente a las oficinas del Banco Unión Central.

Dicho banco era uno de los inversionistas de Cosmovisión Financiera Guaraní.

No obstante, con el paso de los años, su porcentaje de acciones había ido disminuyendo hasta el punto de que, al día de hoy, ya no les quedaba casi nada.

Aun así, Daisy les guardaba mucho respeto; a fin de cuentas, el Banco Unión Central fue uno de los socios fundadores.

Si no hubiera sido por aquella inversión inicial, Cosmovisión Financiera Guaraní jamás habría llegado a ser lo que era.

Ella había hecho hasta lo imposible por complacerlo, consiguiéndole contratos y favores a través de la influencia de su propio padre...

Pero nada de eso había servido para ganarse el corazón de Yeray.

De hecho, antes de que se casaran, su papá había mandado investigarlo.

Le había advertido muy claramente que Yeray ya estaba enamorado de alguien más. Y esa mujer era Daisy.

Pero en aquel entonces Sandra estaba muy inexperta. En esa edad donde una cree que el amor lo puede todo, se cegó por completo con Yeray y tiró los consejos de su padre a la basura.

Aseguraba con exceso de confianza que lograría borrar a Daisy de su mente y convertirse en el amor de su vida.

La realidad terminó golpeándola de frente.

Desperdició cinco años de su juventud al lado de Yeray y, al final, se quedó con las manos vacías.

A esas alturas, estaba convencida de que su esposo jamás la había querido ni un solo día.

La noche que Daisy se comprometió, Yeray se puso hasta las chanclas. Y justo enfrente de ella, no paraba de balbucear el nombre de Daisy una y otra vez.

Sandra se había quedado ahí escuchándolo en silencio, fingiendo que no le afectaba. Pero por dentro, sentía que le estaban arrancando el corazón a pedazos.

La herida se había vuelto tan profunda que ya no le quedaba ni una gota de orgullo.

Creyó que con eso sería suficiente para mandarlo todo al diablo, pero pudo más su terquedad. Llegó a pensar que no le importaba pasar el resto de sus días destrozándose la vida junto a él.

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