Para su sorpresa, ese método no funcionó con Camilo.
Él seguía ignorando por completo a Luciana.
Al principio, Luciana se sintió frustrada, pero no esperaba que al final su táctica terminara engañando a Nina.
Nina cayó en la trampa pensando que ella era la señora Ferrer.
Luciana aprovechó la situación y usó a Nina para amenazar a Camilo y obligarlo a casarse con ella.
En el pasado, Luciana había maltratado a Nina, así que, al mostrar su verdadera cara, despertó el terror en la niña.
Durante el forcejeo, Nina le arañó la cara a Luciana.
De por sí, Luciana no soportaba la más mínima provocación; desde que regresó del crucero, estaba completamente paranoica y podía sufrir una crisis en cualquier momento.
Al ver la sangre, perdió el control, agarró a Nina y amenazó con tirarla desde el tercer piso.
Cuando Camilo llegó, se encontró a Nina colgando en el aire por fuera del barandal.
Sin tiempo para reaccionar o prepararse, solo pudo lanzarse para atraparla a mano limpia.
Al fin y al cabo, Nina era una niña de doce años; nadie podría salir ileso de una caída desde esa altura.
Camilo dio todo de sí para protegerla del impacto.
Al final, Camilo terminó gravemente herido.
La luz de la sala de emergencias seguía encendida y el personal médico entraba y salía a toda prisa.
Todos tenían el rostro desencajado por la preocupación.
Incluso Maximiliano Ferrer se presentó en el hospital.
Llevaba una gorra y gafas oscuras, intentando pasar desapercibido.
Era evidente que no quería que el público relacionara su presencia con la familia Ferrer.
Bajo los consuelos de Daisy, Nina dejó de llorar poco a poco, aunque de vez en cuando dejaba escapar un sollozo.
Ese era el único sonido en la sala de espera.
Nadie supo cuánto tiempo pasó hasta que, por fin, la luz de urgencias se apagó.
Cuando el médico salió del quirófano, Maximiliano se acercó de inmediato para pedirle un informe.
—Por ahora, está fuera de peligro.
Al escuchar esas palabras, Daisy dejó escapar un largo suspiro.
Todo su cuerpo se aflojó de golpe y se recargó en la silla.
Nina volvió a sollozar, pero esta vez, eran lágrimas de alegría.
Justo estaban en la etapa crucial del juicio por la custodia de Nina, por eso, en cuanto Camilo sufrió el accidente, lo primero que hizo fue pedirle a su abogado que contactara a Daisy para que viajara a Nuevo Veracruz de inmediato y lo representara en la audiencia.
El coche apenas se había alejado del hospital cuando Claudio notó que algo andaba mal.
No dejaba de mirar por el espejo retrovisor hasta que le advirtió a Daisy:
—Nos están siguiendo.
—¿Sabes quiénes son? —preguntó Daisy.
—Aún no estoy seguro. Voy a intentar perderlos —respondió Claudio.
La verdad es que Claudio era un excelente conductor, pero era evidente que los perseguidores venían preparados.
De repente, un enorme camión de carga bloqueó el camino por delante, y al mismo tiempo, el coche de atrás aceleró a fondo, embistiendo directamente contra el auto en el que iba Daisy.
Todo ocurrió en un instante.
De la nada, otro coche salió disparado por un costado e interceptó brutalmente al vehículo agresor.
Se escuchó un estruendo ensordecedor.
Los pedazos de metal y vidrio rebotaron contra las ventanas de su auto.
A través del caos, Daisy alcanzó a ver un rostro que conocía muy bien.

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