Ya fuera en aquel verano de hace ocho años o en ese mismo instante, la realidad era que él había llegado tarde desde el principio.
Al salir del edificio, Miguel la siguió hasta el coche. Una vez que arrancaron y se alejaron del Banco Unión Central, no aguantó más la duda y le preguntó:
—Oye, Daisy, ¿qué no tenías la tarde libre?
Daisy, que estaba mandando un correo desde su celular, le contestó sin despegar la vista de la pantalla:
—¿A poco te gusta meterte en broncas ajenas?
Miguel sacudió la cabeza:
—¡No, para nada!
—A mí tampoco. —Daisy cerró su computadora y alzó la mirada un segundo—. En un momento así, nada de lo que Yeray pudiera haberme dicho iba a terminar bien.
El plan original era regresar a las oficinas de Cosmovisión Financiera Guaraní, pero en el trayecto, Daisy recibió una llamada desde Nuevo Veracruz.
Al escuchar lo que le decían del otro lado de la línea, la cara se le descompuso por completo. De inmediato se dirigió a Miguel:
—¡Búscame el primer vuelo que salga para Nuevo Veracruz! ¡El más próximo, y que sea ya!
***
Con tan solo ese comentario de Luis, a Oliver le cambió el semblante.
Acababa de destrozar la pastilla de menta a mordidas y el sabor dulce le picaba en la lengua.
Luis se dio cuenta de su metida de pata un poco tarde y trató de explicarse rápidamente:
—Es que Sandra armó un escándalo en el grupo de WhatsApp de su familia. Dijo que Yeray está empeñado en el divorcio y les pedía a todos que lo convencieran de no hacerlo.
Obviamente, a los más veteranos de la familia Ibáñez no les convenía el relajo por los negocios que tenían juntos, así que intentaron calmar las aguas.
Pero Yeray se cerró en banda. Les soltó que ya había separado todas las operaciones internacionales y que solo estaba esperando la firma de Sandra para hacer oficial el divorcio.
Hasta los amenazó con que, si ella se negaba, se irían a juicio. En resumidas cuentas, de que se divorciaba, se divorciaba.
Varios en el chat se quedaron desconcertados, preguntándose por qué de repente querían separarse.
A fin de cuentas, romper un matrimonio por conveniencia donde hay tantos millones en juego no era algo que pudiera resolverse de un día para otro. Deshacer esas sociedades toma por lo menos un año y medio.
Eso significaba que Yeray llevaba planeando el divorcio desde hace muchísimo tiempo.
Luis chasqueó la lengua:
—¡Con razón! Ya tiene más del año que no se les ve juntos en ningún evento. Era obvio que algo andaba mal entre ellos.

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