Álvaro, sin dudarlo ni un segundo, eligió salvar al bebé. Maximiliano, que en ese entonces solo tenía diez años, le rogó al médico entre lágrimas que salvara a su madre. Pero solo era un niño, y el médico no podía hacerle caso.
Patricia, acostada en la fría sala de partos, lloraba pidiendo que Álvaro fuera a verla una última vez. A Álvaro, sin embargo, le pareció un fastidio. Incluso dijo que su noche de bodas era sagrada y mandó a decir que Patricia no le arruinara el ambiente.
Al final, Patricia, con el corazón destrozado, perdió las ganas de vivir. Cuando Camilo nació, ella ni siquiera lo miró; giró la cabeza y poco después exhaló su último aliento.
Cuando el médico salió con Camilo en brazos, el único que estaba afuera del quirófano era Maximiliano.
Y después de eso...
Maximiliano se abrió camino y triunfó en Montevideo, mientras que Camilo se volvía cada vez más brillante. Por el contrario, Álvaro se casó con varias mujeres más, pero ninguna le dio hijos. Al final, atrapó a su cuarta esposa engañándolo con el chofer. Del puro coraje, le dio un infarto que lo dejó paralizado en la cama.
Las otras mujeres empezaron a desviar sus bienes, y fue justo en ese momento cuando los dos hermanos reaparecieron. Cuando ambos se pararon a los lados de su cama de hospital, Álvaro creyó ver una luz de esperanza. Lo que nunca imaginó fue que le confesarían que la cuarta esposa había sido plantada por ellos. Todo con el único objetivo de destruir a la familia Ferrer desde adentro.
Una semana después, Álvaro falleció. Su abogado representante anunció que el Grupo SUDA, fundado por él, pasaría a estar bajo el control total de su hijo Camilo.
Lo primero que hizo al asumir el cargo fue expulsar de la junta directiva a la segunda y a la tercera esposa, que ya se habían metido en el núcleo del grupo, y demandarlas por desvío de recursos. Fueron condenadas a diez y ocho años de prisión, respectivamente.
Con eso, la guerra interna de la familia Ferrer llegó a su fin.
Al fin y al cabo, Maximiliano había criado a Camilo y conocía bien el carácter de su hermano menor. Le preguntó con tono serio:
—¿Acaso planeas pelear la custodia de Nina para dejársela a Daisy y luego... irte a acompañar a Juana?
El silencio de Camilo confirmó sus sospechas.
Soltó un suspiro y le entregó a Camilo la carta que Juana Paredes le había encargado darle antes de morir.
—Juana sospechaba desde hace tiempo que tenías esa idea en la cabeza, así que escribió esta carta para que te la diera cuando fuera el momento. Léela antes de tomar cualquier decisión.


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