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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 861

El ambiente en la habitación se volvió pesado en cuestión de segundos.

Al darse cuenta de la tensión, la asistente de Manolo inventó una excusa rápida y salió de ahí.

Al fin y al cabo, ella no era nadie para meterse en problemas ajenos.

En cuanto la puerta se cerró, la expresión de Camila cambió por completo.

—¡Si te hablo mal es porque no quiero hablar contigo! ¡Si te pongo mala cara es porque no quiero verte! ¿Tan difícil es de entender? —Camila lo fulminó con la mirada—. ¿O es que no soy lo suficientemente obvia? La próxima vez me tatuaré la palabra «indeseable» en la frente.

Pedro se sintió ahogado por la impotencia ante sus ataques sarcásticos.

Sorprendentemente, logró contener el coraje que le hervía en la sangre y le acercó el arreglo que llevaba en las manos:

—Ten. Tus favoritos, tulipanes morados. Fui a comprarlos especialmente para ti.

—No gracias —rechazó Camila de forma directa, señalando el buró al lado—. Ya tengo otras.

El gusto por las flores también dependía de quién las regalara.

Además, nadie necesitaba dos cosas idénticas.

Y en el amor pasaba lo mismo.

—¿Quién te mandó esas flores? —La mirada de Pedro se clavó con frialdad sobre el ramo exacto al suyo.

Camila no tenía intenciones de responder a una pregunta tan ridícula. Arrojó los cubiertos sobre la bandeja con fuerza y lo miró con hielo en los ojos:

—Te estás metiendo en lo que no te importa.

—Fue Manolo, ¿verdad? —La mirada de Pedro se volvió sombría y esbozó una sonrisa carente de toda gracia.

Había que admitirlo, el hombre era bastante perspicaz.

Camila no lo negó.

—¿Y qué? ¿Tú sí puedes desvivirte por otras pero nadie puede preocuparse por mí? No seas hipócrita. Estamos en la flor de la juventud, no esperarás que me quede en celibato toda la vida.

—Camila, te lo advertí. No te acerques tanto a Manolo, sabes perfectamente que eso me enfurece.

Pedro parecía estar rodeado de una nube negra y amenazante.

Camila soltó una carcajada burlona.

—Y yo te advertí que dejaras de verte a escondidas con Jimena, pero tampoco me hiciste caso.

Lo enfrentó sin una pizca de miedo, mirándolo a los ojos.

—Además, ¿a mí qué me importa si te enojas? ¿De verdad te crees tan importante?

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