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Sorda a tus Mentiras romance Capítulo 9

Julián tenía la cabeza ligeramente ladeada. La marca roja en su mejilla, en contraste con su cabello oscuro, resaltaba a simple vista. Tragó saliva y miró a Ximena.

—¿Estás bien?

Esa reacción exageradamente tranquila le puso los pelos de punta a Carmen, quien se apresuró a intervenir.

—¿Señor Páez, se encuentra bien? ¡Ay, qué pena, todo esto es un malentendido! La culpa la tiene esta niña malcriada. Como escuché que lo hizo enojar, quise darle una lección para ayudarlo...

Al ver que Julián no respondía, la desesperación de Carmen aumentó. Mientras daba excusas sin sentido, intentó jalar a Ximena del brazo.

—¡Ándale, di algo!

Pero al instante, una mano le agarró la muñeca con fuerza y la aventó a un lado.

Carmen levantó la vista, asustada, y se topó con el rostro sombrío y gélido del hombre.

Julián abrazó suavemente los hombros temblorosos de Ximena. Toda la amabilidad de sus ojos había desaparecido, reemplazada por una presencia intimidante.

—Xime es mi esposa. ¿Qué derecho tiene usted para darle una lección en mi lugar?

Carmen tartamudeó tratando de defenderse.

—Y-Yo... solo quería asegurarme de que fuera obediente...

El rostro de Julián se oscureció todavía más.

—Ella no tiene por qué obedecer a nadie. Que no se repita. ¡Y tómeselo como una advertencia!

Carmen nunca imaginó que su yerno, siempre tan sonriente, pudiera dar tanto miedo al ponerse serio. Sin atreverse a decir una palabra más, le lanzó una mirada llena de odio a Ximena.

Félix, viendo cómo estaban las cosas, ni de loco iba a sacar el tema de su local. Agarró a Carmen y ambos salieron de ahí con la cola entre las patas.

El salón quedó sumido en un silencio perturbador.

Julián dejó escapar un suspiro y, como de costumbre, estiró los brazos para acercar a Ximena hacia él.

Pero ella lo empujó con fuerza.

Él soltó una risa seca por el enojo.

—Ximena, acaban de darme una bofetada por ti. ¿No te da un poco de lástima? ¿Aun así quieres seguir enojada conmigo?

Como Ximena seguía con la cabeza agachada sin pronunciar palabra, Julián, resignado, se inclinó para tomarle el rostro.

Se quedó helado de golpe al ver que tenía la cara empapada en lágrimas.

Ximena ya no pudo seguir reprimiendo las emociones que había aguantado en los últimos dos días; las lágrimas brotaron sin control, cayendo silenciosamente.

No quería llorar enfrente de él. Se secaba la cara con desesperación, pero las lágrimas no paraban de salir.

Esa era la segunda vez que Julián la veía llorar.

La primera fue el día de su boda.

Capítulo 9 1

Capítulo 9 2

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