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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1834

—¡Hicimos todo lo posible!—

Aspen y Abel se quedaron mudos, petrificados.

Cuando el médico dijo que ya habían hecho todo lo que estaba en sus manos, era como anunciar la muerte.

Abel abrió los ojos de par en par, sin poder creerlo. —¿C-cómo que hicieron todo? ¿Qué significa eso?—

Nathan, con el ceño fruncido, explicó con voz grave:

—Gael está demasiado grave. No son solo las heridas externas, también tiene lesiones internas letales. Con la medicina que hay ahora, no hay forma de salvarlo.—

La voz de Abel temblaba. —¿No hay nada más que se pueda hacer? Ni un poco, nada...—

Nathan negó con la cabeza. —Nada.—

Abel no quería aceptar la realidad. —Pero... ¿de verdad no queda ni una esperanza? Ni un milagrito...—

Nathan dudó un instante antes de responder: —…Solo un milagro podría salvarlo. Si no, no pasa de tres días.—

Abel se tambaleó y, dándose la vuelta, golpeó la pared con todas sus fuerzas una y otra vez, hasta que el dolor y la impotencia lo hicieron romper en llanto. Un llanto desgarrador, de esos que no se pueden contener.

Treinta años tenía ya, y ahí estaba, llorando como un niño en el pasillo del hospital, sin poder hacer nada. Siempre dicen que los hombres no lloran, pero en momentos así, ¿quién puede aguantarse?

Aspen abrazaba fuerte a Carol, con los ojos rojos de tanto llorar. Luchaba por no perder la cabeza, pensando desesperado:

Si ni Carol pudo hacer nada, mucho menos los demás doctores. La única esperanza era la abuela que vivía en las montañas.

Pero, en las condiciones en las que estaba Gael, era imposible llevarlo hasta allá.

Y la abuela tampoco podía bajar del cerro al hospital.

Aunque pudiera, el viaje desde la montaña tomaría días, y Gael no tenía ese tiempo.

Así, la última esperanza se les esfumó de las manos.

Aspen se sintió vacío, como si le hubieran arrancado hasta el último aliento. Hundió la cabeza en el hombro de Carol, llorando en silencio, con la vista nublada por las lágrimas.

Tania estaba de pie, apoyada en la puerta del cuarto de al lado. Apenas despertó, se enteró de la tragedia. No lo soportó: se desmayó en el acto.

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