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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2212

—¿Tú... tú estás loca? —Gael no podía creer lo que veía.

Tania se recargó en su pecho, tan pálida que parecía desmayarse en cualquier momento.

—Si no te gusto, te juro que me alejo de ti, que no te vuelvo a molestar, ni a buscar, ni mucho menos a chantajearte con nada —dijo Tania con la voz quebrada—. Pero... pero sí te gusto. ¡Podríamos estar juntos! No puedo aceptar que por tus ideas raras, por tus miedos, nos tengamos que separar.

—Sin ti, mi vida ya no tendría sentido. No podría ser feliz nunca más. No quiero vivir así, prefiero morirme antes de aceptar eso —dijo Tania, cada vez más agitada.

Gael la miraba desesperado, la voz le salía ronca, medio temblorosa.

—¡Voy a llevarte al hospital! —dijo mientras intentaba cargarla en sus brazos.

Pero Tania negó con la cabeza, aferrándose a él.

—Antes dime la verdad. ¿Te gusto? ¿Sí o no? —susurró Tania con los ojos llenos de lágrimas.

Gael, quebrado, volvió a llorar.

—¡No deberías gustar de mí! —balbuceó.

Tania respiraba con dificultad, casi sollozando.

—No, mi papá siempre decía que enamorarse de alguien cuando uno es joven nunca está mal. Yo te amo, y no me arrepiento. Lo que no puedo aceptar es tu decisión, no lo que siento por ti.

—Gael, yo sé que te gusto. Sólo quiero que me lo digas. Quiero escucharlo de tus labios. ¿Te gusto? ¿Sí o no? —insistió Tania, con la voz débil pero firme.

—Si no me respondes... no voy a cooperar para ir al hospital. ¡Te lo juro que si no me lo dices... me muero aquí mismo! —amenazó, apretando los dientes.

Apenas terminó de hablar, aprovechó un descuido de Gael y se arrancó de golpe el cuchillo que tenía clavado en el abdomen.

La sangre brotó al instante, salpicando las manos de Gael.

Era sangre de verdad, sangre de Tania.

Ella intentó herirse de nuevo, pero Gael reaccionó rápido, le arrebató el cuchillo y lo lanzó lejos.

Con manos torpes, desesperadas, presionó la herida de Tania. Todo su cuerpo temblaba. Lloraba sin poder parar.

—¡Me gustas! ¡Me gustas, Tania! ¡Sí, me gustas! —gritó finalmente.

Al escuchar eso, Tania por fin sonrió. Una sonrisa torpe, tonta, pero llena de alivio.

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