La atmósfera se volvió más luminosa y tranquila.
¡Que Gael hubiera venido era una señal clara de que, por fin, había dejado atrás sus sombras!
Antes, aunque le rogaran o le dieran mil razones, él ni se asomaba a ver a Tania.
Pero ahora, estaba afrontando de frente lo que sentía, dispuesto, incluso, a hablar de amor con Tania.
Orion decidió olvidarse de sus propias preocupaciones y, mirando a Gael con una sonrisa burlona, le soltó:
—¡Vaya, mira quién llegó! ¡El crack Gael en persona!—
Como siempre, Gael no respondió, manteniendo esa actitud fría y distante que lo caracterizaba.
Orion insistió:
—A ver, Gael, ¿te atreves a ser así de seco delante de los papás de Tania? Si tienes el valor, te juro que desde mañana te empiezo a decir “hermano mayor”.—
Gael puso cara de pocos amigos y soltó, seco:
—No hace falta.—
Orion entrecerró los ojos, divertido, y preguntó:
—Gael, ¿por qué siento que tienes algo contra mí?—
Gael respondió tan directo que solo daba ganas de reírse:
—No es que lo sientas, es que sí tengo algo contra ti.—
Orion se echó a reír, haciéndose el inocente:
—¿Y eso por qué? ¿Acaso no somos buenos amigos? ¿Qué te hice?—
Gael le lanzó una mirada de fastidio y no respondió.
Orion, fingiendo inocencia, insistió:
—No me digas que sigues molesto por lo de la pastilla...—
Gael frunció el ceño, la respuesta era obvia.
Orion puso cara de herido:
—De verdad, no sabes reconocer cuando alguien te quiere ayudar. Lo de la pastilla era por tu bien, ¿quién más iba a hacerlo por ti?—
—Y te digo algo, deberías tratarme con más cariño. Con lo mal que llevas el tema del amor, seguro vas a necesitar mis consejos para hacer feliz a una chica. Te lo firmo, vas a terminar viniendo a pedirme ayuda.—
Gael abrió la boca, pero no encontró ni una sola palabra para rebatirle.
La verdad era que él no tenía idea de cómo hacer feliz a una chica.
Y Orion, al revés, era experto en eso.

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