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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2267

Tania levantó la cara y lo miró.

—Has gastado tanto en mi familia, que me siento incómoda —le dijo con sinceridad.

Gael no entendió del todo—. ¿No te gusta? —preguntó.

Ella negó con la cabeza de inmediato—. ¡Me encanta! —exclamó sonriendo.

—Entonces, ¿por qué te incomoda?

Tania no supo explicarlo en ese momento. En vez de responder, se acercó y le dio un beso rápido.

A Gael se le alborotaron los nervios; cuando Tania volvió a buscar sus labios, él, colorado, le tapó la boca con la mano.

—Aquí afuera no —le susurró, apenado.

—¿Y por qué no? ¿Es que aquí no se puede besar? —le preguntó ella divertida, con los labios rozando la palma de su mano. Gael sintió un escalofrío y soltó la mano de inmediato.

Tragó saliva y, con ternura, le dijo—: No seas traviesa.

Tania sonrió y se acurrucó en su pecho, haciéndole un pequeño puchero.

—Me encantaría pasar más tiempo a solas contigo, pero ahora tengo que quedarme en la casa con mis papás. No hay chance de estar solos.

Gael no lo dudó—. Yo puedo ir a verte todos los días.

Tania se sorprendió—. ¿Todos los días?

—Sí, si tú quieres.

—¡Por supuesto que quiero!

—Entonces iré.

Tania no pudo ocultar la emoción; la alegría le brillaba en los ojos.

—¿No te da miedo enfrentarte a mis papás? ¿O a los vecinos del barrio?

Gael se puso serio y le contestó con franqueza—. Me da más miedo que te pongas triste tú.

Tania se echó a reír de nuevo, incapaz de contener la sonrisa. Sin pensarlo, volvió a besarlo.

El reflejo de Gael fue echar el cuerpo hacia atrás.

Tania le pasó los brazos por el cuello y, con los ojos cerrados, siguió besándolo.

El corazón de Gael latía a mil, pero al cabo de unos segundos, dejó de resistirse y la abrazó con fuerza, hundiendo una mano en su cabello y otra en su cintura, profundizando el beso.

De pronto, una sombra cruzó cerca de ellos.

Rápido como un rayo, Gael abrazó a Tania y la puso detrás de él, cortando el beso de golpe.

Su mirada se volvió alerta y escudriñó a lo lejos.

Tania, confundida, preguntó—: ¿Qué pasó?

Antes de que Gael respondiera, vieron a varias personas bajarse de una camioneta estacionada cerca.

Gael frunció el ceño, en guardia.

Las personas también los notaron; cargaban unos contenedores térmicos y se quedaron parados, dudando.

Tania se inclinó y miró—: ¡Don Alba!

Uno de ellos respondió—: ¡Ah, caray! Pensé que era otra persona, Tania, casi me asustas.

Gael, curioso, preguntó—: ¿Lo conoces?

Tania asintió—: Sí, son del comedor del barrio, los conozco desde niña. ¿Por qué?

Gael relajó un poco la expresión—. Nada, no pasa nada.

Los señores se acercaron, todavía con los contenedores en las manos—: ¿Y él es...?

Tania, con orgullo, respondió—: Mi novio, Gael.

Todos se quedaron un segundo en silencio y después asintieron varias veces, saludando—: Mucho gusto, mucho gusto.

Gael les devolvió el saludo con un gesto educado.

Tania les preguntó—: ¿Y a dónde iban con esas cajas?

Uno de ellos explicó—: Fuimos al mercado, tu papá va a recibir a unos invitados importantes hoy. Nos pidió que trajéramos mariscos buenos, aquí traemos langostas y cangrejos enormes.

—Tu papá sí que está contento con tu novio, ¡menuda fiestota que va a armar!

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