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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2377

El café junto al lago.

Aspen estaba sentado en uno de los reservados, mirando en silencio el paisaje del lago a través del ventanal, mientras el humo de su cigarro formaba espirales en el aire. Tenía el ceño fruncido y la irritación se le notaba en la mirada.

Frente a él, Víctor lo observaba en silencio, paciente. No dijo nada hasta que Aspen encendió su segundo cigarro.

—Ape, estos años… ¿cómo te ha ido? —preguntó, rompiendo el hielo.

Aspen apretó más el entrecejo y lo interrumpió con voz fría:

—No vine aquí a ponerme nostálgico. Mi vida, buena o mala, no te incumbe, y la tuya tampoco me interesa. ¡Dime qué le hiciste a Tesoro!

Víctor soltó un suspiro, resignado.

—Usé a Sebastián para ponerle un amarre —dijo—. Es un amarre raro, de los que no se ven mucho, como un lazo doble: uno está en Tesoro y el otro lo tengo yo.

—Ese lazo doble nos une: si uno se lastima, el otro también. Si uno muere, el otro igual. Así de simple. Ahora mismo, si yo quiero que Tesoro esté bien, estará bien. Si quiero que tosa sangre, lo hará en cualquier momento. Y si quiero matarla… solo tengo que mover un dedo.

Aspen apretó los puños, conteniendo la rabia.

—Intenta hacerle daño y verás —le advirtió.

Víctor lo miró con calma.

—Sé que te enoja que toque a tu hija, pero no me dejaste otra opción. Tú me orillaste a esto. Sabes bien que mi objetivo no es Tesoro: solo quiero recuperar el virus de octava generación.

Aspen lo miró con frialdad.

—Si le haces daño a Tesoro, olvídate de ese virus por el resto de tu vida.

Víctor insistió:

—Si haces lo que te pido y me entregas el virus, te juro que no volveré a lastimarla. Es más, voy y le quito el daño de inmediato.

Aspen negó con la cabeza.

—No te creo.

—Yo cumplo lo que prometo —aseguró Víctor.

Aspen soltó una risa amarga.

—Tú, para mí, ya hace rato que perdiste la confianza. No te creo ni el buenos días.

Víctor frunció el ceño.

—Entonces dime tú, ¿cómo hacemos? ¿Qué necesitas para darme el virus?

Aspen siguió fumando, sin contestar.

Víctor preguntó, directo:

—Ape, dime la verdad: ¿qué pesa más para ti, Tesoro o el virus?

Aspen no respondió. En cambio, lanzó otra pregunta:

—¿Qué te hizo mi papá para que le tuvieras tanto odio? ¿Por qué tuviste que matarlo?

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