Víctor guardó silencio un momento y soltó un largo suspiro.
—Desde pequeño, siempre soñé con ser admirado por los demás. Quería ser como un dios, alguien por encima de todos, capaz de controlar el destino de los demás, no que los demás controlaran el mío —confesó.
—Toda mi vida he tenido que seguirle el juego a otros, mirar la cara de la gente para saber cómo actuar. Ahora quiero que la gente sea la que mire mi cara para saber cómo comportarse.
Aspen le contestó con frialdad:
—¿Entonces por qué solo te ensañas con la gente de Puerto Rafe? ¿Por qué no con los extranjeros?
Víctor respondió, encogiéndose de hombros:
—A los de afuera ni los conozco. Si me admiran, ni lo siento… No me da satisfacción. Solo se siente cuando es gente conocida la que te mira hacia arriba.
Aspen no pudo evitar soltar:
—¡Estás enfermo!
Y no era cualquier cosa, era una enfermedad de las graves, peor que estar loco. Eso era tener la mente torcida, pensó Aspen.
Con el ceño fruncido, Aspen le dijo con voz helada:
—Tú también eres de Puerto Rafe. Ese virus de octava generación también te afecta, ¿no te da miedo convertirte en un títere de los extranjeros?
Víctor se mostró completamente tranquilo:
—Voy a tomar el antídoto antes.
Aspen preguntó, dudoso:
—¿De verdad tienes el antídoto? Si ni siquiera han podido desarrollar el virus de octava generación, ¿cómo van a conseguir el antídoto?
Su abuela era una experta en medicina, y llevaba un año sin poder encontrar una cura. No creía que Víctor y su gente pudieran lograrlo.
Si de verdad fueran tan capaces, no habrían tenido que moverse tanto para conseguirle la muestra del virus.
Pero Víctor parecía muy seguro de sí mismo.
—Si nos das la muestra del virus de octava generación, podemos hacer el antídoto —afirmó.
Aspen frunció los labios:
—¿Y si no lo logran? ¿No te estarías echando la soga al cuello tú solo?
Víctor respondió con una sonrisa amarga:
—En Puerto Rafe hay un dicho: “Al camino que uno elige, aunque sea llorando, hay que llegar hasta el final”. Si llega ese momento, pues me la aguanto. Será que no estaba hecho para triunfar en la vida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo