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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2433

La madre de Sebastián tenía una expresión cálida en el rostro.

—Sebastián es un muchacho discreto —le explicó a Betta—. Ni siquiera le contó a nadie que iba a salir de viaje por trabajo, así que no vino ningún amigo a despedirlo.

Luego le propuso con amabilidad:

—¿Por qué no te quedas a almorzar con nosotros? Así lo acompañamos antes de que se vaya, ¿te parece bien?

Betta dudó un poco, así que la madre de Sebastián le preguntó:

—¿Tienes algún compromiso al mediodía?

Betta negó con la cabeza.

—No, nada importante.

La madre de Sebastián sonrió satisfecha.

—Entonces no te preocupes, quédate con nosotros a comer.

No era que los padres de Sebastián quisieran forzar la situación. Lo que pasaba era que estaban muy preocupados por el futuro de su hijo y deseaban con todo el corazón que encontrara la felicidad.

Hasta ahora, Sebastián solo había tenido trato cercano con Tania, pero como ella ya estaba en una relación con Gael, ellos esperaban que su hijo también pudiera abrirse a una nueva historia.

Últimamente, llevaban días preocupados por su estado de ánimo: temían que Sebastián no superara la situación, que pudiera hacerse daño, que cerrara su corazón o terminara solo para siempre.

En medio de ese miedo constante, de pronto apareció una chica que tenía alguna relación con su hijo, y además, se sonrojaba cada vez que le hablaban. Era natural que los padres pensaran en posibilidades.

Y, claro, después de pensar tanto, querían conocer mejor a Betta.

La madre de Sebastián, temiendo que Betta se negara, la tomó de la mano con entusiasmo y la llevó adentro.

—Hace frío afuera, mejor platicamos adentro.

Y así, casi sin darse cuenta, Betta fue llevada al vestíbulo.

Apenas entraron, una de las trabajadoras del lugar los saludó enseguida:

—¿Buscan al profesor Cervantes? Sebastián está dando una charla en el segundo piso.

El padre de Sebastián respondió:

—Sí, venimos a verlo, pero no hace falta interrumpirlo. Lo esperamos aquí abajo.

Como ya los conocían, los recibieron con mucha calidez, les sirvieron agua y té, y la empleada, curiosa, miró a Betta y preguntó:

—¿Y ella es...?

—Una amiga de Sebastián —respondió la madre.

—¡Qué chica tan guapa! ¿Es su novia?

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