Tania sonrió con picardía.
—Esta copa tienes que tomártela, Gael. Últimamente te he hecho pasar malos ratos—.
Gael la miró, algo desconcertado.
—¿Eh?—
Tania lo miraba con una seriedad dulce, con una ternura que le llenaba los ojos.
—Últimamente he estado pensando mucho en Sebastián y te he descuidado. Perdóname, ¿sí?—
Gael bajó la mirada y murmuró:
—No pasa nada—.
Pero Tania insistió:
—Sí pasa. Aunque mis sentimientos por Sebastián son limpios, igual te pones celoso, ¿verdad?—
Gael dudó un segundo, pero terminó admitiendo con sinceridad:
—Un poco—.
La verdad era que sí sentía celos de Sebastián. La veía tan pendiente de él que algo en su pecho se apretaba.
Tania preguntó, mirándolo de frente:
—¿Solo un poco de celos?—
Gael asintió, medio avergonzado.
—...Sí—.
Tania lo veía tan guapo y serio, tan tierno, que no sabía si reírse o abrazarlo.
Desde que Sebastián tuvo aquel problema, Gael había estado a su lado en todo momento, ayudándola sin quejarse, sin reclamar ni una sola vez, guardándose cualquier malestar para no molestarla a ella.
Gael la miró y, con esa torpeza suya tan franca, añadió:
—Pero no estoy enojado contigo. Sé que no te gusta él. Te gusto yo—.
Lo dijo con ese tonito de niño que reclama cariño, pero desde el fondo del corazón.
Tania no pudo evitar reírse.
—Tienes razón, no me gusta Sebastián. Me gustas tú. Me gustas tanto, pero tanto, que...—
Tania hizo una pausa, tragó saliva y se terminó de un trago la copa.
Sin dudarlo, se sirvió otra y la bebió de inmediato.
Al ver que Tania se iba a emborrachar, Gael se levantó y fue hacia ella, tomándole la muñeca para detenerla.
—Ya no tomes más. Si te emborrachas, te vas a sentir mal—.
Tania alzó la cara, mirándolo directo a los ojos, y le acarició la mejilla con una dulzura que desarmaba a cualquiera.
—Gael, ¿tú sabes cuánto te amo?—

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo