Aspen estuvo dándole vueltas y retrasando la despedida por casi media hora antes de irse.
Salió por la ventana, como si fuera un ladrón.
La lluvia seguía cayendo, el agua golpeando las hojas de loto sobre el estanque hacía un sonido fresco y limpio, llenando el ambiente de una tranquilidad hermosa.
Desde afuera, Aspen le dijo a Carol:
—Mañana no hay ningún plan, así que no tienes que levantarte temprano. Puedes dormir hasta que te despiertes sola.
Carol asintió desde dentro del cuarto.
—Ya lo sé. ¿Y tú cómo te vas a ir?
Aspen señaló hacia la izquierda.
—Me voy por el cuarto de al lado. Si por casualidad mis suegros me ven, les digo que vine a ver a Tesoro y que no sabía que estaba durmiendo contigo.
Ese cuarto, hasta hace poco, era el de Tesoro, pero ahora la niña dormía con Carol, así que la habitación estaba vacía.
Carol asintió y le hizo señas con la mano para que se apurara.
Aspen la sujetó de la nuca y le plantó otro beso, intenso.
Carol terminó con las mejillas ardiendo, mirándolo con rabia fingida mientras apretaba los dientes.
Aspen se rió bajito y, con cariño, le pellizcó la cara.
—Anda, descansa. Ya me voy.
Con movimientos rápidos, caminó pegado a la pared de madera unos cuantos pasos y saltó ágilmente por la ventana del cuarto de al lado.
En la habitación contigua, Joaquín y Lola intercambiaron una sonrisa.
Ver a su hija y su yerno tan enamorados les alegraba el corazón.
No los hacían dormir separados por molestar a Aspen, sino porque querían que la boda fuera aún más especial.
Ellos se hicieron los desentendidos y se abrazaron para dormir.
La lluvia siguió cayendo suavecito toda la noche.
Al día siguiente, nada más despertarse, Carol se enteró de una noticia bomba.
¡Tania se había quedado a dormir en la casa de Gael la noche anterior!
Ya se sabe lo que pasa cuando una mujer y un hombre solos se quedan juntos: era obvio lo que había sucedido.
Con el chisme fresco en la cabeza, Carol llamó de inmediato a Aspen.
Él contestó enseguida.
—¿Por qué te despertaste tan temprano?
—¡Ya casi son las ocho! ¿Lo que me escribiste es en serio?
—Sí —le confirmó él.
Carol se quedó unos segundos en shock y después soltó una risita.
—Ayer en la tarde, cuando Tania se fue, Sami todavía le estaba echando leña al fuego. ¡Y mira, en la noche ya estaban juntos!
Aspen le dijo:

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