—...Sí...—
Cuando Gael se fue, Tania se quedó un rato tocándose el pecho, nerviosa y avergonzada a más no poder.
Llevaba puesta una camiseta de Gael, y sin preguntar ya sabía que él mismo se la había puesto la noche anterior, después de... bueno, después de lo que pasó.
Apenas y recordaba que Gael también la había limpiado un poco, pero el resto de los detalles se le escapaban.
Al verse en el espejo, con la cara más roja que un jitomate, Tania se tapó la cara, muerta de vergüenza.
Después de unos diez o quince minutos, salió del baño.
Apenas la vio, Gael fue directo y la cargó entre sus brazos.
La llevó hasta la cama, la puso con cuidado y hasta le acomodó la cobija.
Se sentó junto a ella y le pasó unos papeles.
—Firma aquí y después descansa, ¿sí?—le dijo.
Tania se quedó intrigada. —¿Y esto qué es?—
Tomó la carpeta y, apenas la abrió, los ojos se le abrieron como platos. —¿Tú...?—
Gael la miró muy serio.
—Te lo dije, yo me hago responsable. Desde ahora, todo esto es tuyo. Y yo también.—
Tania hojeó un par de páginas, casi sin creerlo. —¿Esto es todo tu patrimonio?—
Gael asintió, con una cara tan inocente que parecía un universitario recién salido de casa. —Sí.—
Tania se quedó muda.
Sabía que Gael tenía dinero, pero no se imaginaba que fuera tanto.
¡La lista de bienes tenía varias páginas!
¡Y tenía propiedades en medio mundo!
—¿Todo esto me lo das a mí?—
—Sí.—
Tania se mordió los labios, y antes de poder decir algo, Gael aclaró:
—No vayas a malinterpretar. No quiero comprarte con dinero, solo quiero que sepas lo importante que eres para mí. Te puedo dar todo mi dinero, hasta mi vida si la quisieras.—
Tania se sintió conmovida, porque claro que sabía que Gael no intentaba comprarla.
¿Quién sería tan tonto de dar todo lo que tiene solo para deshacerse de una mujer?
Tania dejó los papeles sobre el buró, abrió los brazos y le dijo:
—Dame un abrazo.—
Gael se subió a la cama y la abrazó fuerte.
Tania se acurrucó contra él, rodeándole la cintura.
—Te amo,—susurró.
Gael dudó un poco, pero al final le acarició el cabello.
—Yo también.—

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