Gael y Aspen, al notar algo extraño, voltearon casi al mismo tiempo, pero esos ojos que los observaban desaparecieron rápidamente.
Aspen entrecerró los ojos, mirando fijamente hacia donde había sentido la presencia durante algunos segundos.
Antes de que pudiera decir algo, Gael frunció el ceño y se levantó de la silla.
—Ustedes sigan platicando, yo voy a ver qué pasa. —
Al irse Gael, Aspen también se terminó la cerveza de la lata de un solo trago, dejó el envase vacío junto a su pie y le dijo a Abel:
—Recoge tus cosas, yo también voy a echar un vistazo. —
El único que no había notado nada raro era Abel, quien abrió los ojos sorprendido y preguntó:
—¿Ya no vamos a platicar?—
—No, otro día seguimos.—
Aspen se levantó y avanzó unos pasos, pero antes de salir se volteó hacia Abel y le aconsejó:
—Si de verdad te gusta alguien, no pierdas tiempo y búscalo. Si lo dejas pasar, después te vas a arrepentir. —
Abel se quedó pensativo:
—...—
Dentro de la sala de juegos de la casa en la isla, todo era un alboroto.
Unos jugaban dominó y cartas, otros hacían karaoke y algunos más estaban en el billar.
Aspen entró, y lo primero que hizo fue echarle un vistazo a la ventana.
Orion estaba ahí, apoyado en el marco, fumando un cigarro. Con él estaban César, Thor, Lamberto y Nathan.
Al ver a Aspen, Orion entrecerró los ojos y le hizo señas para que se acercara.
Aspen observó al resto de los presentes y se acercó caminando con calma hacia la ventana.
Apenas llegó, Orion le preguntó:
—¿Qué hacías afuera tanto rato? ¿A dónde te fuiste?—
Thor intervino, bromeando:
—Hace rato Orion nos dijo en secreto que te escapaste a ver a tu amorcito.—
César asintió con fuerza:
—¡Lo juro! Él sí lo dijo. Aspen, deberías darle un zape.—
Orion apretó los labios, divertido:

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