Aspen siempre había sido generoso con el desarrollo urbano de Puerto Rafe. Primero, donó mil millones de pesos para construir y restaurar sitios turísticos.
Después, prestó sus autos de lujo a la Oficina de Cultura y Turismo para que organizaran una exposición de autos.
Entre estos vehículos estaban los legendarios Trono LJ y Lobo123, dos modelos tan exclusivos que ni siquiera muchos millonarios los habían visto en persona. Ahora, al ponerlos a disposición de la Oficina de Cultura y Turismo de Puerto Rafe para el evento, ¡los fanáticos de los autos de todo el mundo se volvieron locos!
Pero Aspen no se quedó ahí. Publicó una oferta irresistible: durante el fin de año, todos los turistas que visitaran Puerto Rafe tendrían cubiertos todos sus gastos de transporte durante la estadía. Es decir, desde el momento en que llegaras a Puerto Rafe, sin importar cómo te movieras ni a dónde fueras, Aspen te reembolsaría el costo del traslado.
Además, todos los negocios de Regio Bello, desde la venta de casas y autos hasta hoteles y restaurantes, ofrecerían un 50% de descuento. Y para no dejar de lado a los clientes antiguos, Regio Bello les reembolsaría la diferencia según el tiempo que llevaban siendo clientes, asegurándose de que todos pudieran celebrar juntos.
Con estas noticias, la Oficina de Cultura y Turismo de Puerto Rafe no cabía de felicidad. Mandaron a hacer mantas y pancartas para felicitar a Aspen y Carol por su boda, deseándoles una vida juntos llena de amor. Luego, se pusieron en contacto con todos los medios posibles y empezaron una campaña de promoción a lo grande.
En cuanto se difundió la noticia, la gente de todo el país se revolucionó. En menos de una hora, los boletos de tren y avión rumbo a Puerto Rafe se agotaron. Los hoteles desaparecieron en segundos. No solo los locales querían ir, también extranjeros se sumaron al furor.
Aquellos que no alcanzaron boleto empezaron a etiquetar a la Oficina de Cultura y Turismo de Puerto Rafe en redes sociales, rogando por una solución, algunos incluso llorando virtualmente de la desesperación. Y los fanáticos de los autos, ni se diga, estaban a punto de hincarse de la emoción.

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