Varios ancianos fruncieron el ceño al mismo tiempo.
Todos sabían perfectamente de quién estaba hablando Aspen.
Aspen dijo:
—Si no encontramos a esa persona, el asunto del virus de octava generación nunca se va a acabar.
—Aunque eliminemos a algunas mafias, él igual puede agarrar el plan del virus de octava generación y buscar nuevos aliados para llevarlo a cabo.
—En este mundo, cualquiera que quiera ver hundido a Puerto Rafe, o que quiera sacar provecho de esto, va a interesarse en ese proyecto.
—Así que, si de verdad queremos solucionar este problema de raíz, tenemos que encontrar a esa persona sí o sí.
Por poner un ejemplo, este tipo era como un emprendedor que iba de inversionista en inversionista con el proyecto del virus, buscando quién le soltara el dinero.
Cualquiera que quisiera perjudicar a Puerto Rafe o hacerse millonario a costa de otros, iba a estar dispuesto a invertirle.
A menos que ya existiera una cura para ese virus, y que dejara de ser una amenaza, esos interesados no se iban a rendir.
Pero la abuela ya lo había dicho en la tarde: el virus de octava generación era demasiado complejo. Llevaba mucho tiempo investigando y ni siquiera tenía una pista real.
Resolverlo en poco tiempo era imposible.
Y aunque le dieran más tiempo, tampoco era seguro que lo lograra.
Así que, si no podían derrotar al virus por ahora, sacar a la luz a esa persona se volvía urgente.
Los ancianos seguían con el ceño fruncido, todos con rostros muy serios.
La abuela preguntó:
—¿Ya hay alguna pista?
Aspen contestó:

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