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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4454

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Mono Rojo asintió con deferencia.

—Entonces bajemos juntos.

Aspen asintió levemente con un «Mhm» y descendió las escaleras acompañado por él.

En la planta baja, el silencio era sepulcral.

Nadie emitía un solo sonido; todos estaban absortos en sus propios cálculos.

Habían llegado como una jauría lista para destrozar a un enemigo común, pero las crudas palabras de Mono Rojo habían surtido efecto.

Su objetivo final no era vengar a nadie, ¡y mucho menos defender el honor de Don Franco!

¡Su único y verdadero dios era el dinero!

Si Aspen Bello era capaz de multiplicar sus ganancias, ¿qué sentido tenía declararle la guerra?

Enfrentarse a él era lo mismo que declararle la guerra a sus propias cuentas bancarias.

Don Franco estaba acabado, y era un hecho casi seguro que todos sus imperios y rutas pasarían a manos de Aspen Bello.

¡A estas alturas, expulsarlo del Triángulo de la Frontera era una misión suicida y prácticamente imposible!

Era mucho más inteligente abrir la mente, sentarse a negociar y ver qué tajada podían sacar de todo esto.

Cuando Aspen y Mono Rojo aparecieron en la sala, todas las miradas se clavaron en ellos al unísono, revelando una mezcla de recelo, curiosidad y temor.

Era la primera vez que los capos tenían a Aspen Bello frente a frente.

La primera impresión fue unánime: ¡Ese hombre era extremadamente peligroso!

No tenía la sonrisa falsa y complaciente de Don Franco, el clásico lobo con piel de oveja.

Aspen irradiaba un aura de superioridad y frialdad absolutas. Cada uno de sus movimientos destilaba el porte de alguien nacido en la cúpula del poder.

Su simple presencia ejercía una presión asfixiante sobre los presentes.

Era evidente que no era un matón surgido de la pobreza, sino un depredador alfa que había conquistado los niveles más altos de la sociedad.

Caminando con una mano en el bolsillo, Aspen ignoró a todos y se dirigió directamente al asiento principal, tomando lugar sin inmutarse.

Los capos, con el ceño fruncido, lo observaban en silencio.

Mono Rojo se sentó a su lado y procedió a presentar a cada uno de los líderes criminales.

Al terminar, esbozó su habitual sonrisa conciliadora.

—Bueno, dicen que no hay mejor forma de conocerse que después de un buen susto. Todos somos hombres de negocios, hablemos como tal. No hay necesidad de que corra la sangre.

Nadie respondió. El silencio era ensordecedor.

Fue Don Kaleb quien rompió el hielo.

—¿Dónde está mi mercancía?

—¿A qué mercancía te refieres? —respondió Aspen, devolviéndole la pregunta.

Don Kaleb enrojeció de furia.

—¡No te hagas el idiota! ¡Tu hijo obligó a mi conductor a traer mi carga hasta aquí! ¡Es un camión entero repleto de la mejor mercancía!

—¿Y cuál es tu objetivo al estar aquí? —inquirió Aspen con calma.

—¡Recuperar mi mercancía, por supuesto! —gruñó Don Kaleb, frunciendo el ceño.

Aspen continuó su interrogatorio implacable.

—Cuando tu conductor llegó con la carga, ¿quién fue el que lo recibió?

—¡Fue Don Franco! —replicó Kaleb.

—Entonces, ¿por qué vienes a exigirme a mí tu mercancía? —preguntó Aspen.

—¡Porque tú tomaste el lugar de Franco! ¡Tú eres el que da las órdenes ahora! —exclamó Don Kaleb.

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