Damián no dijo nada.
¿Cómo habían llegado a este punto?
Enzo se había enterado, por boca de Vicente, de que Bianca estaba siendo asfixiada y amenazada por Damián y la familia Figueroa por su culpa.
Así que, tras hablarlo con su padre, ambos tomaron una decisión tajante: ¡preferían arruinarse y cortar su propia vía de escape antes que seguir siendo una carga para Bianca!
—Vaya a descansar temprano —le dijo Damián a don Severiano Figueroa con un tono desapasionado.
Don Severiano, que tenía suficiente experiencia en la vida, adivinó de inmediato el trasfondo de la situación.
Aun así, se resistía a creerlo.
—La familia Núñez es implacable consigo misma... ¿Así de fácil renuncian a su propia supervivencia? ¿No será una trampa? ¿Acaso planean retroceder para luego atacar, usando la pérdida del bebé de Bianca para chantajearnos con algo?
Damián mantuvo la mirada impasible.
—No lo sé. Es el camino que ellos eligieron, no tiene por qué darle tantas vueltas.
—¡Seguro que sí! —bufó Perla Figueroa, sintiendo que le faltaba el aire por la frustración—. ¡Tal vez solo nos están poniendo a prueba! Ya verán que mañana Bianca vendrá arrastrándose a suplicar. ¡Cómo va a renunciar a su puesto como la señora Figueroa! ¡Seguro quiere usar su estatus para sacar provecho!
Damián se limitó a lanzar una mirada a su madre.
—Vayan a descansar, yo me quedaré cuidando a mi abuela.
Ante eso, nadie se atrevió a hacer más preguntas, y Damián no ofreció más explicaciones.
Por naturaleza, él no era un hombre de muchas palabras. Solo con las personas que realmente le importaban se molestaba en hablar de más.
Al ver que no conseguiría complacerlo, Perla no tuvo más remedio que llamar a Melisa Serrano para desahogarse.
Melisa la consoló con tanta dulzura que el ánimo de Perla mejoró de inmediato.
Solo podía pensar en que, cuando todo este escándalo pasara y doña Estela se recuperara, ¡haría que Damián se casara con Melisa lo antes posible!
A medianoche, doña Estela despertó.
Damián había estado al lado de su cama manejando la crisis. Tras una hora de maniobras impecables, logró aplastar por completo el impacto mediático del incidente.
Luego, liberó un par de noticias favorables y las acciones de la empresa comenzaron a subir.
Con sus reflejos agudos, giró la cabeza justo a tiempo para ver a su abuela mirándolo con una sonrisa en los ojos.
—Abuelita, ¿por qué no avisa que despertó? ¿Acaso quería espiarme para ver si estaba holgazaneando? —sonrió Damián.
Los ojos de doña Estela se cristalizaron.
—Tú nunca holgazaneas. Has estado al frente del Grupo Figueroa por años... Si fueras un vago, la empresa no sería lo que es hoy. Damián... el bebé de Bianca... ¿se perdió?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa