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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 116

Damián echó un vistazo a la advertencia del monitor cardíaco y, de inmediato, sujetó la mano de doña Estela para intentar calmarla.

En ese momento, Bianca se acercó y tomó la otra mano de la anciana.

—Abuelita, no me importa, ¡de verdad! No me afecta en lo más mínimo.

Damián arrugó la frente y la miró fijamente.

Pero doña Estela no dejaba de llorar en silencio.

¿Cómo no le iba a importar?

Ella había visto con sus propios ojos cuánto amaba Bianca a su nieto tiempo atrás.

Bianca era sincera, de buen corazón y tenía muy claro lo que era correcto y lo que no. Era la mejor de todas.

Había momentos en que doña Estela pensaba que ojalá Bianca fuera su propia hija. Si ella misma la hubiera criado, seguramente sería tan brillante como Damián.

Incluso había fantaseado con que, después de que Bianca diera a luz, la haría regresar al Grupo Figueroa para entrenarla personalmente, segura de que superaría incluso a su propio nieto.

Pero ahora...

Al final, las palabras suaves de Bianca lograron estabilizar a la anciana.

Sin embargo, doña Estela se mantuvo firme.

—Si resulta que Melisa no está embarazada, sería lo ideal. Pero si en verdad lo está... y alguno de ustedes tiene el descaro de ocultármelo y permite que esa mujer dé a luz, no me importa si el niño crece y me lo traen a la puerta para reconocerlo...

Dejó de llorar, recuperando una frialdad espeluznante.

Su tono se volvió gélido, evocando aquella época de juventud en la que todos la llamaban la «Dama de Hierro».

—En las familias de alto nivel, hay muchos niños que mueren sin que nadie sepa cómo o por qué. A veces es para abrirle paso a un bastardo, otras veces para asegurarle el lugar a un hijo legítimo. Yo, Estela, he hecho de todo en esta vida, ¡y a mis años no me tiembla el pulso si tengo que sumar otra deuda de sangre a mi cuenta!

¡Quería muerto al hijo de la amante!

Bianca se quedó petrificada, sin poder articular palabra.

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