—Con el poco dinero que me quedaba, contraté a un enfermero y me mudé a este lugar. Para no preocuparte, todos estos días te dije que estaba bien. Pero el enfermero...
Bianca comprendió de inmediato. Se acercó y le subió la manga a su padre. Al ver que no tenía un solo centímetro de piel sin moretones, se quedó paralizada.
Nunca imaginó que el amor de Damián por Melisa llegaría al extremo de castigar a su familia. Para complacer a los parientes de su amante, había permitido que arrojaran a la calle a su padre, un hombre que no podía valerse por sí mismo tras un derrame cerebral, y todo sin siquiera avisarle.
Ver a su padre reducido a tal estado de vulnerabilidad la llenó de un dolor insoportable y de un arrepentimiento profundo.
—Papá, ¡perdóname! Todo esto es mi culpa, yo no supe protegerlos...
Leonardo negó con la cabeza. Considerando que su hija estaba embarazada, decidió omitir las cosas más horribles que le habían hecho en el sanatorio.
Solo le preguntó:
—Vi en internet el retrato familiar del banquete de los Figueroa. Decían que la futura señora de la casa será Melisa Serrano y que el señor Figueroa ya está soltero de nuevo. ¿Qué significa eso? ¿Cuándo se divorciaron? ¿Podrás quedarte con el bebé?
Bianca apretó los labios. A pesar de estar en los huesos, su padre seguía preocupándose por ella.
Inevitablemente, pensó en el pasado. Su familia era de comerciantes, pero nunca fueron despiadados ni avariciosos. Su madre había fallecido cuando ella y su hermano apenas tenían ocho años. Su padre nunca volvió a casarse y continuó con las obras de caridad que su madre apoyaba. Su hermano heredó ese mismo espíritu, donando gran parte de las ganancias de la empresa al desarrollo de comunidades y a estudiantes de bajos recursos.
Nadie hubiera imaginado que la empresa colapsaría de la noche a la mañana... Y hasta el día de hoy, ni su hermano ni su padre le habían revelado el verdadero motivo de la quiebra.
Tras unos segundos de duda, Bianca decidió explicarle a su padre la situación con cautela.
Incluso omitiendo las peores humillaciones, la sangre le hirvió a Leonardo al escuchar la historia. El rostro siempre sereno y amable del hombre se contrajo en una mueca de indignación.
—¿Él... él se unió a la familia Serrano? ¡¿Y te trató de esa manera?! Damián Figueroa es un...
—Papá, por favor, no te alteres, te hará mal.
Pero Leonardo temblaba de ira.
Al escuchar el alboroto, Vicente entró apresuradamente para tratar de calmarlo:
—Don Leonardo, no se preocupe, todo estará bien. Bianca ya abrió los ojos, está decidida a divorciarse y va a volver a la industria para trabajar directamente en proyectos del gobierno.


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