Antes, cuando estaba perdidamente enamorada de Damián, entregaba hasta la última gota de su ser sin dudarlo. Pero ahora que ese amor se había evaporado, ¿por qué habría de seguir soportando humillaciones gratuitas?
Perla Figueroa jamás se imaginó que Bianca se atrevería a responderle con tanta firmeza.
¿Acaso se sentía intocable solo porque estaba protegida por la matriarca y llevaba un hijo en el vientre?
La sangre le hirvió en un segundo. Levantó la mano con todas sus fuerzas, lista para cruzarle la cara de una bofetada.
Pero en ese mismo instante, desde la sala, se escuchó una voz:
—Abuela.
Era el tono profundo y sereno de Damián. Al escucharlo, Perla sintió que sus oraciones habían sido escuchadas. Bajó la mano de inmediato y salió de prisa al encuentro de su hijo, dejando a Bianca sola.
Una empleada intentó darle una bandeja de frutas para que la llevara a la sala. Bianca la ignoró por completo y salió de la cocina con las manos vacías.
Al entrar, sus ojos chocaron directamente con Damián.
Habían estado juntos el tiempo suficiente, y ella lo había amado tan profundamente, que podía leerlo con facilidad: estaba de muy mal humor.
Era lógico. Lo habían obligado a dejar a Melisa en pleno acto en la oficina; nadie estaría de buen humor tras ser interrumpido así.
Mientras Bianca analizaba la situación, la matriarca disparó la primera queja:
—¡¿Se puede saber por qué le ignoras las llamadas a Bianca?!
Damián no contestó. Simplemente desvió sus ojos hacia Bianca.
Al percibir la escarcha en su mirada, Bianca lo entendió todo: él creía que ella había ido lloriqueando a quejarse con la anciana.
Recordando lo que había pasado con su padre y evaluando la frialdad con la que Damián la trataba ahora, los labios de Bianca se curvaron en una sonrisa de absoluta indiferencia.
Damián apartó la vista y respondió con voz monótona:
—Estaba ocupado.
¿Ocupado? ¿Creía que una mujer con la experiencia de la matriarca no sabía reconocer cuándo un hombre mentía?
La anciana estaba furiosa, pero decidió no exponerlo frente a todos.
—¡Esa muchacha lleva a tu hijo en el vientre! ¿Y si le pasara algo malo? ¿Y si estuviera en medio de una emergencia llamándote para pedir ayuda y tú simplemente la ignoras porque «estás ocupado»?!
Apenas terminó de gritar, su respiración se volvió agitada e irregular. El pánico invadió la sala de inmediato.

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