Bianca había documentado minuciosamente cada uno de los desastres que había tenido que arreglar por Bárbara, detallando cada proceso e incluso un agujero financiero bastante sospechoso. Tenía pruebas de todo.
La abuela solo necesitó darle un vistazo para que su rostro se endureciera por completo.
Bárbara, muerta de miedo y sin atreverse a decir una sola palabra, balbuceó una excusa barata y salió huyendo del lugar.
—Estos proyectos ya son difíciles de manejar por sí solos, y ni hablar si te los entregan hechos un desastre y tienes que arreglarlos de cero. Estando embarazada, todo este tiempo debe haber sido un infierno para ti —dijo la anciana con tono compasivo, y de inmediato le ordenó al mayordomo—: Usa el canal interno directo. Dile a Recursos Humanos que aprueben la solicitud de renuncia de Bianca de inmediato. Quiero que la carta oficial esté en su correo en menos de cinco minutos.
Fue como si la orden de la abuela tuviera magia. No pasaron ni cinco minutos cuando Bianca recibió la confirmación oficial en su teléfono.
En ese instante, los ojos se le llenaron de lágrimas. ¡Por fin era libre!
Se quedó mirando la pantalla, incapaz de procesarlo del todo.
La abuela, malinterpretando su reacción, pensó que a Bianca le dolía dejar la empresa, ya que ese era el lugar que la mantenía más cerca de Damián.
Conmovida por la aparente devoción de la joven, le hizo una promesa mientras iban en el auto:
—Cuando nazca el bebé, recuperes tu figura envidiable y estés hermosa y radiante, yo misma me encargaré de devolverte tu puesto. Volverás a ser la Asistente Ejecutiva. ¡Tendrás más oportunidades de estar cerca de Damián, y yo te ayudaré a ganarte su corazón definitivamente!
Bianca quiso decirle que ya no tenía el menor interés en eso, pero al ver el brillo de ilusión en los ojos de la anciana, y recordando la advertencia de Damián, solo sonrió suavemente y guardó silencio.
Al llegar al Santuario de la Cumbre, la abuela insistió en que sacara un pergamino de la suerte:
—¡Saca uno para ti y Damián! Le pediré al Maestro que nos diga qué les depara el futuro a ustedes dos.
Bianca no creía en esas cosas, pero no se negó.
Su único objetivo ese día era mantener contenta a la anciana.
El pergamino que sacó resultó ser un augurio excelente. La abuela, emocionada, corrió a mostrárselo al Maestro Cipriano.
—Lectura del destino, el mejor de los augurios: Un amor destinado que supera la tormenta. El camino está nublado y lleno de pruebas, los malentendidos los han separado. Pero cuando el arrepentimiento despierte el dolor del alma, el hilo rojo del destino los unirá para siempre.
Bianca permaneció junto a la abuela mientras el Maestro recitaba el poema con voz solemne.

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